Category: FILOSOFÍA Y RELIGIÓN

Un sacerdote bueno; por Manuel Torronteras Lora, en memoria de Rafael Gutiérrez Márquez.

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Dice Pablo: “No os entristezcáis del modo que suelen los demás hombres que no tienen la esperanza de la vida eterna“. Esto debe ser real para nosotros, pero también es real, cercano, latente, que nuestro amigo ya no está, que ha marchado. Y aunque la esperanza nos conforte, el corazón se oprime con la tristeza, porque, aquí y ahora, Rafael Gutiérrez ya no está con nosotros.

Rafael apareció en mi vida por razones profesionales, razones de su posición en el Magisterio y, desde ese momento, volví a encontrarlo una y otra vez. Fue mi compañero tenor en la coral de la Cátedra “Ramón Medina” y en esa época hicimos una amistad extraordinaria; era muy fácil ser su amigo porque en él se encontraban todas esas virtudes que hacen atractiva a una persona entre las demás: sabía hablar de forma agradable y convincente; poseía una voz sonora y armoniosa; era cariñoso y, sobre todo, sabía ser amigo; estaba pendiente de tus necesidades y no escatimaba jamás esas atenciones, esas pequeñas o grandes atenciones que nacen del corazón y que tanto nos satisfacen a todos.

Hace unos veintitantos años tuve otra vez contacto con Rafael, me refiero a un contacto de continuidad, no al saludo que se intercambia en un momento; lo encontramos al asistir a la Misa en el Convento de las Salesas, donde era Capellán y del que fue y es Capellán Perpetuo.

A él le gustó encontrarnos allí e inmediatamente reanudó con nosotros, con mi mujer y conmigo, la amistad entrañable de otros tiempos. Sin quererlo nosotros, aunque sin oponer demasiada resistencia, nos convirtió en lectores, en monaguillos, y, quizá por la proximidad de nuestra casa al convento, se metió más y más en ella y, más y más en nuestro corazón.

Iba a casa a comer con nosotros, a veces a instancia nuestra, otras por propia iniciativa, pasaba horas y horas allí y hablábamos de todo lo divino y lo profano; cantábamos o contrastábamos nuestras opiniones o convicciones.  Por él, creo que se hubiera quedado con nosotros para siempre; a lo mejor porque mitigábamos un poco o un mucho su soledad, porque los que sirven al Señor, saben mucho de soledad humana.

Cuando notó que sus facultades, (prodigiosas facultades), se apagaban un poco, aunque no era aún casi perceptible ese retroceso, me dijo: “Manolo, voy a hablar con el Señor Obispo y le voy a pedir que me jubile, porque los fieles no se merecen a un cura que no dé al máximo“. Este fue el principio de su adiós. Después siguió viniendo a casa, fuimos a visitarlo, pero ya no fue igual; poco a poco su memoria, que había sido fantástica, se fue resintiendo y se fueron borrando de su cabeza caras, voces, personas. Entonces ya se había ido; lo del día trece de  este mes de Abril ha sido su confirmación, la consumación de su despedida.

Rafael fue un hombre bueno, sacerdote bueno que sabía llegar al corazón de los fieles que lo escucharon, un músico bueno, un cantor bueno, un amigo bueno.

Muchas veces hablamos de que el amor de Dios no acaba nunca, no se acaba nunca; que, pasara lo que pasara, siempre nos espera, siempre está presto a recibirnos, como el padre del Hijo pródigo. Él y yo, lo mismo que Lourdes, mi esposa, lo creemos así. Por eso: “No os entristezcáis…

 Manuel Torronteras

 

‘Deum laudamus’ (por Lourdes Lucena, ‘in memoriam’ Abelardo Lobato)

Abelardo-Lobato-Casado-300x162He de remontarme al curso 1973-74 cuando, como lanzada desde un paracaídas, sin saber si el aterrizaje sería el adecuado, pero con la seguridad que te da una persona como Abelardo Lobato, aterricé en Roma. Llena de miedos e incertidumbres, de interrogantes de difícil respuesta y con la responsabilidad añadida que contraje con un grupo de amigos, que entonces me parecía muy grande, casi desconocidos, pero al que me unía la misma inquietud, situación personal y necesidad de encontrar rumbo más o menos seguro hacia un puerto, desconocido, inquietante, pero que presumía tranquilizador y seguro, me lancé a la aventura.

Muchos años antes había conocido a Lobato. Era yo una jovencita saliendo de la adolescencia pero que ya apuntaba luchadora, emprendedora y con inquietudes trascendentales. Aquellos Ejercicios Espirituales en Madrid, cuando apenas tenía, aún 15 añitos, me marcaron. Lobato ya se me manifestó  como el hombre que te encara, de forma directa y contundente con LA VERDAD. Una verdad que yo tenía que ir concretando y dando forma en mi vida personal.

Como el Santo de Hipona (a quien Lobato admiraba enormemente y conocía en profundidad), anduve por caminos diversos y fue en Granada, cuando me volví a encontrar con él. De igual manera, en esta misma ciudad hablé la última vez en mi despedida, porque en Cádiz ya, por teléfono, presentí el final y no me reconocía. Él marchó de mi vida en este mundo un mes antes de la fecha oficial.

En mi encuentro granadino, se fraguó la apasionante aventura que durante año y medio viví aprendiendo de su saber pero, sobre todo de su vida.

Ese año de 1974, ¡cómo preparamos el Congreso de Santo Tomás de Aquino!, del  que surgió la SITA, que fue su quehacer más intenso a lo largo de sus días.

No salía de mi asombro ver tantos hombres de ciencia, teólogos, intelectuales y filósofos de todas las confesiones e ideologías; millares de cartas. Yo tan “palurdilla” y temerosa, rodeada de tanta sabiduría, y conociendo a Sto Tomás de la manera tan formidable como lo estaba haciendo.

¿Día grande?, el 19 de Abril de 1974, Pablo VI en el Angelicum y yo al lado de Papa al que tanto llegué a admirar, y el que hizo posible, para mí, tantas cosas en la Iglesia, concentradas en el Concilio Vaticano II.

Aquí quería llegar para decir alto, claro y con total rotundidad, que Lobato era un hombre de Iglesia, a la que amaba profundamente y por la que luchaba. Muchas veces me comentaba su afán de llegar, a través de su persona, a donde  estaba convencido que tenía que llegar la propia Iglesia.

La vida de tantos sacerdotes que vivieron años difíciles, de confusión, de reencuentro consigo mismo, tratando de normalizar su situación en la sociedad como ciudadanos y como cristianos comprometidos, pero que necesitaban regular su nuevo estado. Él me decía: “No me importan las críticas, que hubo muchas, sé que no hago nada que no esté convencido de que la Iglesia debe hacer. Estas personas han realizado unos estudios y el Angelicum, en nombre de esa misma Iglesia, les regula una situación que de otra manera no podrían hacer.

Se jugó mucho, pero su alegría y el orgullo que experimentaba cuando veía a tantas personas salir del hoyo de la confusión e incertidumbre, me hacía renovar fuerzas y seguir la batalla que él libraba incansablemente; yo me derrumbaba antes, y de él siempre recibía vitalismo y energía positiva para seguir en la brecha.

Si he de resumir la personalidad de Lobato, nada mejor que citarlo a él mismo.

Con motivo de su 84 aniversario, en el 2009, nos decía a sus amigos: “Debo dar gracias, colocar el amor a mí mismo en su puesto y dar nueve pasos (aludía al año) como Tomás para promover el Humanismo cristiano. Una voz interior me aconseja; Abelardo, agradece, anímate, humaniza”.

Esa era la tónica de su vida. Hombre vitalista %. Comentaba en Septiembre del 2007, en el comienzo de Curso: “Experimento la sensación del comienzo del año en sus dos dimensiones; -la vuelta al cole- como un crío, y el comienzo en Enero. Los dos circulares y limitados. Pero para mí, en ninguna de los dos significados del año, el círculo es el eterno retorno de lo mismo, sino el itinerario existencial. Una nueva Vía Appia con sus piedras milenarias que se van haciendo al andar, por eso volvemos a lo andado, para seguir andando, mientras tenemos tiempo, y citando a S. Pablo, concluía, el tiempo se nos da como un regalo o como un talento que se nos confía.

Es hermoso volver al principio, y más hermoso volver a caminar, ligero de equipaje y no extraviarse en las encrucijadas”.

Este es el hombre que recordamos: Su amor a Dios que lo especificaba en LA VERDAD, LA BELLEZA Y EL AMOR.

Buscador incansable de la Verdad y con una única ocupación en la vida: llevar, esclarecer, enseñar y extender la Verdad hasta el último rincón del mundo; desde la cátedra y desde su ingente obra. La Verdad era Dios mismo. Pero ese Dios lo personificaba en Cristo y en cada hombre y mujer que, según él reflejaban la belleza suprema de ese Dios creador del Cosmos y la Vida.

Su amor a la Persona, lo ha dejado patente en numerosos escritos. Personalista insigne. Creía en la persona, entendía lo “bello y sublime de la persona” y se comprometía con la persona hasta extremos impensados.

Su amor lo manifestaba en sus cualidades humanas de cercanía, alegría manifiesta, optimismo nato. Nada le hundía para hacerle desistir o desconfiar. Se entregaba sin medida y valoraba y agradecía como el más pobre de los mortales.

En su 85 cumpleaños, comenzó a sentir la limitación de la vida y trató el tema de la “senetud” magistralmente.

Reflexionaba en el tema según la teoría de los filósofos griegos como Aristóteles, el sabio Cicerón y nuestro paisano Séneca de forma “terrible”, y que él empezaba a vislumbrar en el Alzeimer que le diagnosticaron. Pero ponía de manifiesto cómo la tradición judeo-cristiana, iluminaba esta etapa y la cargaba de belleza. Decía. “El sufrimiento ayuda a madurar al hombre y la serenidad lo dispone para la vida contemplativa”. Pienso que este fue su último retiro tanto en Granada como en Cádiz. Cito otra frase suya que es realmente conmovedora para plantearnos la vejez desde la perspectiva que nuestro maestro y amigo se la planteó: “El viejo humano puede vivir como joven cristiano porque el alma está por encima del tiempo; es inmortal”,

Nunca dejó de sentirse esencialmente dominico y como tal su lema de vida era, Laudare, Bendecire, Predicare. Así lo conocí y así lo vi vivir. Siempre alabando, agradeciendo, glorificando a Dios y llevando la fe de la Iglesia y el mensaje Evangélico allí donde iba, y, sobre todo, en lo que hacía.

Un recuerdo personal último se remonta a la Semana Santa del 2009. Le invité a mi pueblo, Aguilar, a predicar. Ya casi no se le oía hablando por el Parkinson. Me respondió lleno de humor, ¿dónde va un predicador al que no se le oye? Pero no importa, aquí me tienes caminando juntos los tres: este menda, el computer y mi querido amigo, maestro, santo, gordito, encantador, Tomás de Aquino. Tres como los mosqueteros. Seguimos trabajando mientras el cuerpo resista. Lo más que puedo ofrecerte, un escrito para mi “pequeña, gran filósofa”. Así me llamaba con un tinte cargado de sana ironía porque bien sabía él lo “limitadita” que estaba en ello. Pero, lo mucho o poco que tengo a él se lo debo y lo valoro en “demasiado”.

Acabo esta pretendida semblanza, utilizando como despedida las mismísimas palabras que él utilizó cuando despidió a su hermano Pedro al darle sepultura.

Méteme, Padre eterno en tu seno, misterioso hogar; dormiré tranquilo, pues vengo cansado de tanto bregar”.

R.I.P. Abelardo Lobato Casado, y Pablo Moyano Llamas

Tomado de ‘Ecclesia Digital’

viernes, 18 de mayo de 2012
El 17 de mayo, en la residencia geriátrica de San Juan de Dios de Cádiz falleció el dominico Abelardo Lobato Casado. Había nacido en San Pedro de la Viña (Zamora) el 20 de enero de 1925. Era religioso dominico desde el 15 de septiembre de 1942 y sacerdote desde el 16 de abril de 1949.

Doctor en Filosofía por el Angelicun de Roma, maestro en Sagrada Teología, título máximo de la Orden de predicadores, catedrático en varias Universidades, doctor honoris causa por la Universidad Católica de Murcia, fundador del Instituto Fray Bartolomé de las Casas, de Sevilla, del Instituto Santo Tomás de Roma, delegado del Vaticano en el Consejo de Europa para los Derechos Humanos y Miembro del Comité Directeur des Droits de L´homme (CDDH) de Estrasburgo. Miembro de la Pontificia Academia Romana de Santo Tomás, fue rector de Teología en Lugano.

Fue nombrado por Juan Pablo II Presidente de la Academia Romana de Santo Tomás y ha sido promotor y director desde su fundación en 1976 de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA).

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El presbítero Pablo Moyano Llamas falleció el pasado 14 de mayo, a sus 80 años de edad.

(Artículo tomado de ODISUR.es):

Natural de Santaella (Córdoba), el sacerdote Pablo Moyano Llamas nació el 19 de septiembre de 1932 y recibió su ordenación sacerdotal el 21 de junio de 1959. Desarrolló su ministerio sacerdotal en primer lugar, como párroco de San Calixto durante seis años y, a continuación, como párroco de Ntra. Sra. de la Asunción de Montemayor hasta el 2011, en que pasó a ser párroco emérito de la misma. También fue profesor de Religión en el Instituto de La Rambla y en el año 2004 fue designado Arcipreste de Montilla-La Rambla hasta el 2007.

Entre otros cargos no eclesiásticos, el sacerdote ha sido miembro de la Real Academia de Córdoba y cronista oficial de Santaella y Montemayor. Asimismo, ha sido autor de diversas publicaciones como: Santa María del Valle (Santaella) de 1988, Montemayor retazos de Historia de 1994 y El Calvario de Montalbán de 1997.

El megalitismo en Gorafe (por Rafael Victoriano Vera Martínez)

Durante el Neolítico, se iniciaron cambios económicos y sociales de una importancia extraordinaria, que fueron protagonizados por  los hombres que vivieron en  espacios geográficos próximos al mar Mediterráneo y O. Atlántico, por ser ellos, junto con otros pueblos  europeos los  promotores de lo  que se ha dado en llamar “revolución neolítica”. Cambios que se iniciaron en el Próximo Oriente y que se difundieron por la Europa Central y Mediterránea.

Entre el V y III milenio a. C. se iniciaron un conjunto de transformaciones en la Península Ibérica, que se manifestaron con mayor intensidad en el sureste peninsular. Fueron entre otros. La práctica de  trabajos de agricultura, (cultivo de la tierra, ganadería etc),  cestería de esparto, sedentarismo,  construcción de chozas,  alfarería, uso de metales, ( cobre y bronce),  construcción de enterramientos colectivos. Las prácticas de enterramientos de alguna manera se regularizaron por ser realizados en dólmenes. Todos esos cambios hicieron más fácil la vida al hombre.

El dolmenismo  estuvo unido al “culto a la muerte”, al inicio de la agricultura,   ganadería,  sedentarismo,  alfarería,  uso de metales, (como el cobre, estaño, bronce). El fenómeno del dolmenismo fue una actividad que estuvo íntimamente relacionada con  la propiedad de la tierra de los pueblos que lo practicaron.

Esos  cambios afectaron también a los grupos humanos que vivieron en el Valle del río de Gor, los cuales, les permitieron liberarse poco a poco de los condiciones que les impuso el medio natural, ellos, dejaron de forma progresiva  ser cazadores  y  recolectores, para trasformarse en agricultores y pastores, lo que facilitó la “producción artificial de alimentos”.  El hombre en este periodo, fue también  capaz de encender  fuego cuando lo necesitó. Esos cambios no tuvieron el mismo  grado de desarrollo en  todos los lugares, ya que sucedieron en  ritmos de evolución diferentes.  Otro elemento fundamental que ayuda a entender la “nueva forma de vida” del hombre del Neolítico, fue el cambio climático,  el frío fue menos intenso que en el periodo anterior del Paleolítico,  por ello pudo pasar  más tiempo al aire libre.

Los pobladores neolíticos de Gorafe pasaron de tener una vida nómada, a hacerse sedentarios, de refugiarse en abrigos naturales, a construir chozas,  etc. El hombre  durante este periodo, perfeccionó   instrumentos y objetos de la vida diaria, que eran necesarios para las nuevas condiciones de vida. Así como también,  inicio actividades mágico-religiosas, con las que pretendió religarse con el más allá de la muerte. Su base económica fundamental  se basaba  en la ganadería y agricultura, Las herramientas de hueso progresivamente se irán sustituyendo por otras mas  elaboradas  de sílex para el trabajo de la vida diaria, estas, a su vez también se sustituyeron durante el calcolítico por otras de metal, ( cobre y bronce ). Estos grupos humanos fabricaron utensilios para la vida doméstica en  barro. (cerámica). También utilizaron el cuero y la madera, y el esparto.

El grado de desarrollo de los hombres del Neolítico no fue uniforme en todas las regiones de Europa, por estar condicionado por muchas circunstancias, especialmente por las bases tecnológicas y culturales anteriores.

En Gorafe, (lugar situado próximo al río de Gor, en la depresión intrabética de Guadix-Baza ) se inició  hace  unos 3000 años a. C. un proceso constructivo  de grandes piedras, de sepulturas megalíticas,  que se extendieron  desde las proximidades  de Gor hasta  los Baños de Alicún, pero que tuvo como eje de desarrollo mas importante en Gorafe, por ser el lugar central de este espacio geográfico, en él, había grandes piedras que  hicieron   posible las construcciones dolménicas,  y por ser este lugar,   camino de paso de personas y de intercambio  de las innovaciones neolíticas, de la culturas de Almería con las de Andalucía occidental y sur de Portugal.

Los pobladores neolíticos de Gorafe no tuvieron necesidad de transportar grandes piedras, como se hizo en otros “espacios dolménicos” de nuestra península, que a falta de materiales tuvieron que llevarlos al lugar destinado para la construcción de sus dólmenes. Las difíciles condiciones orográficas de la parte superior del Valle de Gorafe, no permitían el acarreo de grandes piedras, es por los que esos hombres utilizaron las  piedras del Valle del río de Gor sin necesidad de moverlas del lugar donde se encontraban.

El inicio de una rudimentaria agricultura en las proximidades del río,  la existencia de una fauna fácil  de ser cazada y domesticada y  la práctica de la ganadería,   (que  fueron las bases del sustento  de los pobladores neolíticos del valle), fue lo  que hizo posible, a los hombres que vivieron en las  márgenes del río, la realización del “conjunto arquitectónico funerario dolménico” mas extenso del sur de España

No se puede hablar propiamente de cultura megalítica, sino como un conjunto de elementos constructivos. Ello es posible, porque  estos grupos humanos  alcanzaron  un determinado nivel  económico,  tuvieron una  organización social mas compleja y por la práctica de  creencias mágico-religiosas  dando culto a sus antepasados, creencias que compartieron con otros pueblos mas lejanos, gracias a los contactos e intercambios.

Los monumentos megalíticos de Gorafe, estuvieron  unidos a la práctica del pastoreo y a la domesticación de animales, que realizaron  estos pueblos del calcolítico , en  las proximidades del río de Gor y en los bordes de la meseta cercana. Los constructores de los dólmenes de Gorafe, recorrieron este corredor, en pos de la búsqueda de pastos, durante los meses de calor, se trasladaban a las laderas  más frescas de las montañas próximas a Gor.

La arquitectura dolménica  es  también señal de dominio del territorio donde se ubica  la tribu, clan u horda que ha erigido la construcción. En ellas, enterraron a sus difuntos. Son tumbas  colectivas, de esa forma, aquellos grupos humanos se ligaron al medio.

Las construcciones dolménicas de Gorafe, por ser una zona de tránsito entre el levante peninsular con el sur de Portugal,  tienen la doble influencia de las culturas de Almería ( Millares y Argar ) y del Alentejo portugués.

El valle donde está situado Gorafe, tenía y tiene unas características propias, que le permitieron ser  lugar “de asiento y de tránsito” a unos pueblos que les posibilitaron hacer las construcciones dolménicas existentes en su  término municipal.

Los condicionamientos  del dolmenismo en la zona, estuvieron  determinados:  1º Por  el sustrato cultural.  2ª Por las influencias y aportaciones de las culturas próximas de Almería y de la baja Andalucía. 3º Por la  dependencia que impuso el medio geográfico a los pobladores neolíticos. ¨Esto, dio como resultado un dolmenismo con unas características propias que le diferencian de otros espacios también dolménicos del sur de España, como son los de las provincias de Málaga  y Huelva.

Los casi 240 dólmenes constituyen uno de los espacios megalíticos mas extensos  de España. Los dólmenes se encuentran situados  en ambos márgenes del río, y en los bordes de la meseta próxima.

Los constructores neolíticos de los dólmenes de Gorafe, comenzaban la erección de sus construcciones, a partir de la cámara funeraria, la primera piedra que ponían era la central, después el resto que la integran, se continuaba con el corredor, aquella se enlosaba, en algunos dólmenes aparece también enlosado el corredor, y se terminaba  con las losas que hacen de cubierta. La construcción se remataba  cubriéndola de tierra, formando un pequeño montículo, para sujetar la tierra, se colocaban unos anillos circulares de piedras. Los dólmenes están orientados  casi todos ellos hacia el Sur-Sureste. Es posible que ello, tenga un valor mágico-religioso.

Las formas en que se construyeron los dólmenes fueron muy variadas, se han descubierto hasta 16 formas geométricas diferentes de construcción de la cámara funeraria, ello  es debido al largo proceso constructivo.

El rito que se debía seguir cuando había algún fallecimiento, era el siguiente. El difunto se purificaba antes de ser sepultado, luego era llevado al lugar donde estaba situado el dolmen donde iba a ser inhumado, después de introducía   por la puerta, pasando el corredor hasta la cámara funeraria. El cadáver se adornaba con collares etc y se le ponía el resto del ajuar funerario. Previamente se habían recogido los huesos de otros difuntos que ya se habían enterrado en ese lugar, los cráneos se colocaban en la puerta de entrada de la cámara funeraria. Seguidamente  se cerraba la cámara para evitar la entrada de animales y la profanación del lugar. En el corredor delante de la puerta de entrada a la cámara funeraria, han aparecido cuencos, ello, puede indicar la realización de ritos de purificación del cadáver o de culto.

Los dólmenes de Gorafe, son de dimensiones menores que los de Andalucía occidental y de menor monumentalidad, pero no por ello dejan de ser menos interesantes. Los estudios y excavaciones realizados, han dado unos resultados muy esclarecedores que nos permiten conocer la organización social de los hombres del Neolítico que vivieron en la zona, de sus contactos con otros pueblos, de las aportaciones recibidas, del uso de materiales utilizados, como son: La piedra.  La cestería del esparto. Los metales,  como cobre, hierro, bronce). Del barro, para la realización de objetos de la vida doméstica. De los  animales con los que convivía, algunos de ellos los domesticó, (cabra, oveja) otros  los cazó, (conejo, liebre),  que fueron la base fundamental de su dieta.

Los primeros  estudios sobre el dolmenismo en Gorafe se iniciaron en la segunda mitad  del S.XIX,  en 1868 por M. Góngora Martínez,  años mas tarde por los belgas, hermanos Siret, (Enrique y Luis),. Durante el S. XX fueron George y Vera Leisner (ambos alemanes),  exploraciones efectuadas a finales de la primera mitad de este siglo  (1940). A principios de la segunda mitad del siglo XX, será el investigador, natural de Gorafe,  Manuel García Sánchez junto con Christian Spahni, los que realizaron el estudio sistemático y en profundidad de los dólmenes de Gorafe. Estos dos investigadores realizaron las mayores aportaciones así como también el mayor esfuerzo de excavación de los mismos, gran parte de lo descubierto se encuentra  en el museo arqueológico de la ciudad de Granada. Estos dos investigadores también realizaron excavaciones en la Cueva de La Caregüela en Piñar.

Recientemente, han surgido iniciativas,  desde el Ayuntamiento de Gorafe, con la ayuda de instituciones a nivel comarcal, provincial, y regional como:  Diputación, de Granada, Programa Leader II Comarca  de Guadix, Junta de Andalucía, Caja General de Ahorros de Granada, que han rescatado el dolmenismo en Gorafe  de la destrucción y del olvido. Creando con todo el conjunto monumental, un “Parque”, para que pueda  ser visitado. Se han habilitado para ello tres rutas, que permiten visitar los dólmenes y a la vez disfrutar de unos paseos muy agradables en contacto con la Naturaleza.

El Centro de Interpretación Megalítica, ayudará sin duda, a los potenciales viajeros que acudan a nuestro pueblo, a conocer el Parque  Megalítico:  la vida, avances y conquistas culturales del hombre durante el Neolítico.

El Parque tiene entre otras las siguientes finalidades: 1º De acogida de los potenciales viajeros  que acudan a él. 2º Como lugar de exposición del hecho megalítico. 3º. Como centro de documentación para las  personas interesadas  en este periodo tan importante de la Humanidad, en Gorafe. 5º Punto de partida para visitar el Parque.

Ello, puede ser motivo, para que nuestro pueblo, pueda ser conocido tanto en medios culturales como turísticos, factores, que  pueden  contribuir a mejorar su economía.

Rafael Victoriano Vera Martínez.

Ldº en Geografía e Historia.

Invitación conferencia "San Juan de Ávila, modelo…"

Acerca de la virtud (conferencia FHC de Manuel Villegas Ruiz)

Cuestiones sobre la fe (Manuel Villegas Ruiz)

"Cosmos" (José Luis Ansón)

Posiblemente soy muy simple. Quizá no busque mucho detrás de la apariencia de las cosas. A lo mejor me conformo con la imagen que me impresiona, y no me preocupo lo más mínimo por ver qué es lo que hay detrás de ella. Por ello confieso que la fe no me hace falta. La fe, por definición, es creer en lo que no se ve. Si yo tengo un pájaro en mi mano, no creo que tengo un pájaro en mi mano: que tengo un pájaro en mi mano. Si estoy hablando con mi esposa, alguno de mis hijos, o cualquier amigo, no creo que estoy hablando con ellos: , tengo certeza, estoy convencido, nadie me puede hacer dudar de que esté hablando con ellos. La fe es precisa, es necesaria y tenemos que echar mano de ella, cuando no tenemos certeza tangible de lo que vemos, o hacemos. La fe, como dice Kierkegad, es un salto al vacío. Es tener la certeza de que lo que tocas, aprecias o sientes no te puede llevar más allá de la que tus sentidos transmiten a tu intelecto, y por ello, desde ese plano sensorial y material, si quieres elevarte al espiritual, al intangible, al no sensible, has de salvar ese vacío que entre los dos existe y dar el salto que te comunique, desde lo material y grosero hasta lo inmaterial y espiritual. Pero, si ese plano sensible y grosero demuestra para ti, para tu intelecto, para lo más profundo de tu mente, que no es necesario ese salto, entonces no precisas de la fe, no tienes que echar mano de ella para salvar la distancia que hay entre los dos planos. Uno te ha llevado a otro sin tener que salvar abismo alguno, ni tener que exponerte a un salto en el que puede que fracases y no alcances tu objetivo y termines con el cuello intelectual roto.

La familia científica admite hoy, casi sin lugar a dudas, que esto que nos sostiene, que ese número incontable todavía de galaxias que pueblan lo que vemos y lo que no vemos, esa que la llamamos la gran explosión, tiene alrededor de cinco mil millones de años, y la plataforma, aunque sea redonda, donde los seres que respiramos y casi nos conocemos, lleva existiendo poco más o menos cuatro mil quinientos millones, también de años.

A lo largo de ese tiempo, que me confieso incapaz siquiera de imaginar, admiten los científicos, con pocas discrepancias entre ellos, que ha estado funcionando una evolución, para que, desde los más pequeños vagidos de la vida, que también es casi unánime que se produjo en el agua, se llegase al estado poco más o menos perpetuo aunque esta evolución continué aún su curso imperfecto en el que ahora nos encontramos.

A propósito de dónde se originó la vida. Mahoma, un hombre que no parece fuese muy letrado y versado en asuntos científicos de tal envergadura, allá por los principios del siglo VII de nuestra Era, afirmó, no sé quien se lo diría, en la Aleya 31 de la Azora XXI de su Corán, la siguiente frase “¿Pero ven los que niegan que los cielos y la tierra eran macizos y los rajamos a los dos y pusimos del agua toda la vida, es que no creerán?” y en la aleya 44 de la Azora XXIV, también dice: “..en esto hay motivo de reflexión… y Alá creó todo el mundo animal del agua ..”.

O sea, que no precisó de muchos conocimientos científicos para llegar al aserto en el que casi todos estamos de acuerdo, aunque hayamos tardando tanto en saberlo, en que toda la vida nació del agua. Cuatro mil quinientos millones de años, cantidad inimaginable, de evolución, con tanta imperfección y con lo que quede todavía por hacer.

La vida del ser humano, en los mejores casos y en buenas condiciones, dura alrededor de los ochenta años.

Y queremos, quieren algunos, en esos años, misérrimos años, comprender, entender, juzgar, evaluar y dogmatizar sobre lo que lleva andando, y aún es imperfecto, más de cuatro mil millones de años.

El desplazamiento de los continentes no somos capaces de apreciarlo en una vida humana, y aceptamos su existencia.

Bien es verdad que podemos medirlo con instrumentos muy precisos, pero lo cierto es que en una vida no somos capaces de apreciarlo.

Con la evolución ocurre igual ¿Quién vio el paso del pterodáctilus ave? ¿Quién presencio el cambió del mamífero de tierra a la ballena? ¿Quién estuvo presente en la mutación del pitecantropus al homo en cualquiera de sus clases? El que lo viera que lo demuestre.

Y sin embargo ¿quién duda de esos pasos? ¿Quién se atreve a poner en tela de juicio que sucedió? Pero ¿por qué se dieron? Después de la Gran Explosión esta tierra se vio cubierta de polvo cósmico y sin más leyes ni más dictámenes, como por arte de magia, se iniciaron esos procesos de evolución ¿hasta donde ahora estamos? ¿No era Newton el que decía que los cuerpos que están en movimiento tienden a permanecer en él y los que están en reposo igualmente tienden a quedarse en el mismo estado? Para modificar esta situación, una fuerza, algo, alguien, ha de actuar sobre la situación del cuerpo y modificarlo de manera que cambie de fase.

Por ello, algo, alguien, tuvo que actuar sobre lo que no era para hacer que fuese.

Porque, si hubo una gran explosión y parece ser que la hubo, algo debió explotar y ¿qué era ese algo? ¿Desde cuándo estaba? ¿Quién lo hizo? ¿Qué era ese algo? ¿Se hizo él mismo? Creo que esta última pregunta es la que no podemos contestar, porque para ser alguien, y si ya es alguien, no necesita hacerse.

Se perfeccionará o degradará, sufrirá modificaciones, pero, como ya es, no necesita, no puede hacerse.

Pero es que si ya era, no tuvo principio, por lo tanto él es el ente y de ese ente se originó todo.

Vemos que lo que salió de la famosa gran explosión está cambiando continuamente, se está degradando, modificando, mudando, evolucionando, en fin.

Por lo tanto está sujeto a unas leyes, a unos principios, que vemos y comprobamos que inexorablemente se cumplen.

Pero para que haya leyes ha de haber legislador, para que haya orden ha de haber ordenador, y nadie puede negar ese orden, ese cosmos, que continua y diariamente estamos presenciando.

Cuando vemos que un animal mata a otro y lo devora, según nuestro criterio, no condenamos al que quita la vida, por haber eliminando otra, sino que lo aceptamos y entendemos como una manifestación a la “ley de supervivencia”.

Cuando una araña extiende su primorosa tela para que en ella caigan los animalejos que le servirán de sustento, justificamos esa artera actuación como una manifestación más de la ley de la supervivencia.

¿Quién les ha dictado esas leyes? ¿Quién le ha dicho al albatros que pasados unos días de la puesta del primer huevo, ponga otro como una especie de repuesto por sí el primero falla? Y es más ¿quién le ha dicho al polluelo de albatros nacido primero que cuando pasen unos días y eclosione el segundo huevo, él mismo, ante la impasibilidad de la madre, expulse del nido al recién nacido para que no le haga competencia en el reparto de alimento y así criarse él fuerte y sano, para de esta forma perpetuar la especie y la supervivencia del más fuerte? Observemos el macrocosmos, el cosmos y el microcosmos y veremos que hay unas leyes que nadie transgrede, que hay unas actuaciones de vida y comportamiento, desde el más simple mimetismo, hasta la más cruel y sanguinaria según nosotros eliminación del más débil, que están regidos, controlados, regulados por unas pautas de comportamiento que a veces son tan complicadas y tan difíciles de entender que no nos queda más remedio que reconocer que no pueden ser consecuencia de un albur de una aparición espontánea que se ha generado per se, sin control de nadie.

Observamos una autopista de gran circulación.

Mientras todos los conductores se ajusten a las normas de tráfico, a las leyes impuestas por los encargados de cuidar del orden, del cosmos en su primer significado, no ocurre nada reprochable sin ningún contratiempo ni percance.

Que alguno se despiste, que alguien se salga de la norma de la ley reguladora: la catástrofe es terrible, los muertos y mutilados alcanzan, a veces, cifras aterradoras.

Pero ¿qué es una autopista nuestra, por mucha circulación que tenga, comparada con las incontables autopistas del universo, o las del microcosmos? Estamos en la era de los ordenadores y la informática.

Nos parece increíble el avance ocurrido en tan pocos años y todavía no sabemos hasta dónde podrá llegar este fascinante mundo de la información, y aunque desconozcamos todo lo referente a esta ciencia sí sabemos que todo se mueve alrededor de unas instrucciones que alguien ha dejado impresas en unos circuitos a menos que alguien las altere.

Opino que el gran ordenador del universo se puso en marcha en el momento en que el que lo construyó lo decidió así.

Las normas, reglas, leyes, pautas de conducta, las imprimió de forma indeleble en él y así vemos que todo se ajusta y rige por esas leyes y esas instrucciones dadas al ordenador.

Cosa parecida pensaba el gran abogado, filósofo y orador Cicerón, que no creía en el panteón de dioses que lo rodeaba, tanto etruscos y latinos cuanto traídos de todos los pueblos conquistados.

Él creía en una Causa eficiente que había ordenado todas las causas secundarias y así lo confesó cuando los esbirros de Marco Antonio fueron a asesinarlo y pronunció la famosa frase: “Causa causarum miserere mei”, o sea, Causa de las causas ten misericordia de mí.

Con ello manifestó su convencimiento de que había habido alguien que había fabricado todo lo que nos rodea.

Otra cosa es que podamos comprender a quien lo confeccionó.

Los ordenadores con los que trabajamos actúan según las instrucciones que en ellos imprimieron y no se les ocurre cuestionarla, ni siquiera plantearse su funcionamiento.

¿Qué pasa con este inmenso ordenador que es el universo visible e inimaginable? Actúa, funciona, sigue su marcha, según las directrices que alguien le marcó.

Ya sé que no es científico afirmar la existencia de algo si no es sujeto de experimentación, si no se puede someter en laboratorio a la prueba de error/acierto.

Pero es que opino que probar la existencia del que dio las pautas de actuación a este inmenso ordenador en el que estamos, no es necesario cuando vemos cómo actúa y cómo cumple perfectamente el fin para el que fue puesto en marcha.

Además, en el momento en que queremos entender al que puso en movimiento todo lo que nos rodea estamos pretendiendo abarcar una cosa que es inabarcable para nosotros.

Recuerdo lo mal que lo pasaba en mi época de estudiante cuando me enfrentaba a un problema de matemáticas, física, traducciones de griego o latín.

Eran inmensos, no los entendía, eran superiores a mí y yo me sentía pequeño e inútil por no saber resolverlos, pero cuando a base de tesón, paciencia, uso de fórmulas o empleo de diccionario lograba solucionarlos, la felicidad me inundaba.

Pigmeo ante un problema insoluble, había logrado superar lo que no entendía.

Lo comprendía, lo abarcaba, en fin, lo empequeñecía de tal manera que era capaz de meterlo en mi mente, descomponerlo, deshacerlo y anularlo de forma que ya no constituía un problema para mí. Yo lo había superado. Ytext- text-align: justify;”>En fin no había problema.

Creo que a todos los seres humanos nos habrá ocurrido algo parecido en cualquier momento. Emprendemos una situación que no comprendemos y, cuando tras arduo esfuerzo, hemos logrado entenderla, casi siempre hemos dicho lo mismo ¿a esto se reducía el problema? ¿Esto era la tan gran dificultad? Creo que no podemos vislumbrar a quien organizó todo esto, precisamente porque nuestra mente no puede abarcarlo.

Si cualquier rama del conocimiento lleva siglos de ser estudiada, si cualquier faceta del saber ha estado examinada por mentes brillantísimas y todavía no hemos llegado a un conocimiento total de ella, ¿cómo podríamos abarcar con una sola mente, o con todas las inteligencia de la tierra, todo lo que se desarrolla en el universo que conocemos? Pero ¿que hay del que aún desconocemos? ¿Mas si llegásemos a comprenderlo, jamás sucederá, todavía estaríamos muy lejos de adivinar quién señaló los caminos por donde habrían de discurrir todas las cosas que se le ocurrió poner en movimiento.

Por una razón muy sencilla: si esas cosas salieron de sus manos, si esos raíles los trazó él, por fuerza han de ser más pequeños que él.

Decirle al artista, al artesano, al obrero: ¿quién es mayor, tú, o tu obra? Estaría siempre presto a contestar: Yo.

Mi obra ha salido de mis manos, esta hecha por mí, es más pequeña que yo, soy superior a ella y por tanto mayor que ella.

Ningún artista se siente inferior a su obra, nadie se cree más pequeño que lo que él ha hecho.

¿Qué decir de este artista? ¿Acaso es inferior a su obra? ¿Por casualidad alguna de sus creaciones va a poder superarle? ¿Pretendemos acaso resolver el problema? ¿Queremos reducirlo a una traducción de griego o latín? ¿No habrá un punto (como se dice hoy) de soberbia en tal actitud? ¿No estaremos pretendiendo resolver lo que para nosotros es incomprensible?

Yo sé que mentes más preclaras que la mía han dedicado gran parte de su vida a desentrañar el problema. Hombres mucho más valiosos que yo han empleado mucho tiempo en tal empeño. Pero es que yo no tengo problemas. Para mí no hay empeño. Yo contemplo, observo y miro lo que me rodea y ya no necesito más. Posiblemente mi postura también tenga un punto de soberbia, pero es que yo no necesito la fe, a mí no me hace falta, yo no tengo fe. Yo tengo certeza.