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"Cuidar al Cuidador": Conferencia FHC de Rafael Lora González.

Rafael Lora González

Rafael Lora González

 FUNDACIÓN HUMÁNITAS CÓRDOBA

Conferencia: Cuidar al Cuidador

Lugar: Fundación Miguel Castillejo, Plaza de las Doblas, n.º 1, de Córdoba

Facilitador: Rafael Lora González

Córdoba, 1 de Diciembre de 2.010, a las 8 de la tarde

 

CUIDAR AL CUIDADOR

Presentación

Objetivos y contenidos

  1. Introducción
  2. Factores desencadenantes de la dependencia
  3. El Cuidador Principal
  4. Consejos prácticos
  5. El camino del cuidador
  6. Bibliografía

 

Panorámica de la discapacidad y de los cuidados en España

 

 Según el Instituto Nacional de Estadística de 2009, en nuestro país tenemos este mapa social: 3,85 millones de personas con discapacidad, esto es 85,5 personas por cada 1000 habitantes. De ellos dos millones reciben cuidados personales o de supervisión. Para atender esta demanda tenemos más de 114.000 cuidadores no profesionales (normalmente familiares). La figura del cuidador principal es: mujer entre 45 y 64 años, residente en el mismo domicilio. De estos cuidadores el 63,7% ha reducido su tiempo de ocio. Y para el 54,4% ha tenido consecuencias laborales y por tanto económicas. De estos cuidadores principales en Andalucía hay más de 45.000 mujeres mayores de 50 años.

 

La sobrecarga del cuidador principal

 

 Cuando se está ejerciendo el servicio de Cuidador Principal, éste puede llegar a padecer lo que conocemos comúnmente como el “Síndrome de sobrecarga del Cuidador”. Estos cuidados se asocian a cualquier cuadro clínico y no solo al Alzheimer, por ejemplo: a enfermedades crónicas, a la vejez, a accidentes de circulación y laborales y cualquier tipo de invalidez. Esta sobrecarga viene causada por la atención física y psicológica que requieren las personas acompañadas, repercutiendo en su estado físico y psíquico por cubrir –sin poner límites- las necesidades demandadas que nuestros acompañantes no pueden resolver por sí mismo. El resultado de esta falta de administración de fuerzas y de recursos es que el cuidador deja de atender sus propias necesidades por falta de tiempo para sí mismo y por falta de ganas y oportunidades. Incluso puede llegar al abandono de sí mismo, afectándole a sus necesidades físicas, emocionales, sociales, económicas y espirituales. Esto conlleva cansancio, estrés, ansiedad e incluso cuadros depresivos con o sin riesgo de suicidio, consumos tóxicos o alcohol, tendencia a automedicarse, ludopatía, compras compulsivas y un deterioro general por sobrecarga.

 

Cuidar al Cuidador Principal

 

 Por todas estas razones, necesitan ayuda los Cuidadores Principales. ¿Pero quien cuida al cuidador? ¿Cómo conseguir que el cuidador principal alcance el bienestar necesario para poder seguir cuidando? Si no se les informa a tiempo de los efectos secundarios de una errónea administración de su tiempo y de su esfuerzo, puede que necesiten apoyo físico y psicológico. El cuidador necesita urgentemente que se le libere de esa sobrecarga y aprenda a compartir cargas con otros familiares o con profesionales. Sería recomendable que participaran en grupos de apoyo y terapia para que aprendan la forma de afrontar los conflictos que se vayan presentando en el día a día. Necesitan sobre todo cómo poner límites a las demandas de sus acompañados y cómo resolver cada situación cuando se presenten emociones negativas como la culpa o la rabia y sobre todo como modificarlas. Para ello necesitan cada vez más cómo y dónde obtener información sobre los recursos existentes tanto para la persona discapacitada como para el Cuidador Principal. El Cuidador Principal necesita aprender a cuidar cuidándose.

 

Veamos más despacio todo esto.

 

¿Quién es una persona dependiente?

 

 Debido a la fragilidad asociada a la condición del ser humano, todos estamos expuestos –antes o después- a necesitar ayuda para desarrollar nuestras actividades básicas. Esta necesidad en la persona que la demanda, se denomina: DEPENDENCIA. Las personas que nos demandan un cuidado y una atención más o menos continuada se denomina: DEPENDIENTES.

 

Tipos de dependencia

 

Personas con dependencia psíquica: Demencia senil, alzheimer, enfermedades neurológicas, con pérdidas de memoria…

Personas con limitaciones físicas: Enfermedades reumáticas, parkinson, diversos traumatismos…

Personas con problemas sensoriales: Ceguera, sordera…

Personas con problemas de salud: Enfermedades crónicas, enfermos terminales y enfermos temporales

Otras Personas disminuidas psíquicas y físicas

Población infantil problemática.

 

Recordemos: las personas dependientes son las que precisan cuidados y atenciones de forma más o menos continuada. Pueden demandarnos tiempo y acompañamiento pero también silla de ruedas, cama articulada, cuna, silla de paseo… o que necesiten que les ayudemos a realizar actos tan básicos como andar, vestirse, comer, relacionarse, protegerse de peligros externos y/o acceder a los bienes y servicios que la sociedad les puede ofrecer en un momento puntual.

 

Factores que influyen en la dependencia

 

Factores psíquicos: Déficit intelectual, trastornos psicológicos de la personalidad producidas por alteraciones afectivas…

Factores contextuales: Quizá necesiten superar ciertas barreras arquitectónicas, o superar actitudes y comportamientos de las personas cercanas que pueden favorecer o limitar su autonomía, o necesidad de participar en el proceso de evaluación de su grado de dependencia, o de la necesidad de ser informada sobre las opciones y facilidades disponibles o la necesidad de que se les garantice la accesibilidad a los servicios públicos ofertados.

 

¿Una persona dependiente puede recibir ayudas? ¿Cuáles?

Las ayudas que pueden recibir son múltiples.

 

Ayudas en la vida diaria: Tareas como vestirse, comer, aseo, control de esfínteres, deambulación, integración con normalidad en la población, ratos de juego u ocio, tiempo libre, utilización y disfrute de los medios y recursos que le ofrece la sociedad.

 

Ayudas instrumentales: Como limpiar, planchar, comprar, utilización de electrodomésticos, pequeñas reparaciones, manejar dinero y bienes, toma de medicamentos, manipulación de objetos o utensilios…

 

Ayudas de acompañamiento: Salir, realizar visitas, excursiones, acudir a reuniones, citas a médicos, aficiones y sobre todo la necesidad de ser escuchados. Y esta última tarea es fundamental para sus vidas.

 

¿Quiénes se convierten en Cuidadores Principales de las personas dependientes?

 

Como dijimos al principio de los 114.000 cuidadores no profesionales, normalmente son familiares, por tanto, terminan convirtiéndose en Cuidadores Principales los padres, los hijos, otros familiares, pero también amigos, vecinos, voluntarios y cuidadores de empresas, instituciones o asociaciones sin y con ánimo de lucro.

 

Veamos algunas consecuencias que sobrevienen desde el servicio prestado como Cuidador Principal

 

El cuidado de un familiar dependiente demanda que éste reorganice su vida familiar, laboral y social en función de las tareas que implica el “Cuidar a otro”. Pues bien, dependiendo de cómo administre su tiempo, le proporcionará una mayor o menor calidad de su propia vida.

 

¿Cómo le influyen al Cuidador Principal los factores de su entorno?

 

Los factores del entorno que influirán en el Cuidador Principal son: Su propia salud, el reparto de responsabilidades, la ayuda de otros, si tiene o no apoyo emocional, el agradecimiento de la familia, el reconocimiento de otros familiares, la mayor o menor flexibilidad laboral con que cuente, las ayudas que pueda recibir de las instituciones, el conocimiento o desconocimiento de la enfermedad o los impedimentos que sufra el ayudado, su interpretación correcta en caso de la infancia problemática y sobre todo la información y la capacidad que tenga para cuidar y resolver los problemas y dificultades que vayan surgiendo a lo largo del cuidado.

 

¿Qué consecuencias se derivan de todo esto?

 

El Cuidador Principal necesita estar atento a las señales de alarma que aparezcan pues pueden provocarle: cambios en las relaciones familiares, cambios emocionales, cambios sobre su propia salud, consecuencias laborales negativas, dificultades económicas, disminución de sus actividades de ocio e incluso sentimientos de culpabilidad.

 

¿Cuáles son esas señales de alarma?

 

El Cuidador Principal necesita estar alerta cuando aparezcan señales como éstas: pérdida de energía, sensación de cansancio continuo, sueño, aislamiento, aumento de consumo de bebidas alcohólicas, tabaco, fármacos, problemas de memoria, dificultad para concentrarse, bajo rendimiento en general, menor interés por actividades y personas, aumento o disminución del apetito, enfados fáciles y sin motivo aparente, cambios frecuentes de humor o de estado de ánimo, irritabilidad, nerviosismo, dificultad para superar sentimientos de tristeza, frustración o sentimientos de culpa, cuando observa que trata a otras personas de su entorno de forma menos considerada, cuando aparezcan problemas en el lugar de trabajo, problemas económicos, menos afecto o interés hacia la propia familia y trato despectivo o vejatorio hacia la propia familia. Cuando esto aparezca. ¡Cuidado! ¡Algo va mal y necesita una revisión!

 

Aprender a cuidarse

 

             Cuando algunas de estas señales de alarma aparezcan, el Cuidador Principal necesita pedir ayuda; por tanto si necesita ayuda, pídala abiertamente. Pedir ayuda a tiempo no es signo de debilidad. Déjese ayudar y enseñar por otros. Sepa adaptarse a la ayuda que otros le ofrezcan. Agradezca el apoyo recibido. La responsabilidad de cuidar a un familiar no tiene por qué ser exclusivamente suya. Deseche pensamientos como: “nadie puede cuidar a mi familiar mejor que yo” Existe una oferta de servicios existentes que puede aprovechar, así que aprovéchelos.

 

            Lleve una vida sana. Duerma lo suficiente. Haga ejercicio. Salga de casa. Evite la sensación desagradable de sentirse atrapado. Mantenga sus aficiones e intereses y busque un equilibrio entre intereses personales y obligaciones.

 

            Organice su tiempo y adminístrelo bien. Haga un plan de actividades reseñando todas las tareas necesarias y ordénelas de mayor a menor importancia. Haga una lista de las tareas que pueda realizar. Priorice e intercale tareas. Reparta tareas.

 

            Ponga límites a la cantidad de ayuda que presta. No supere sus propios límites y fuerzas. Aprenda a decir “NO” cuando le demanden una atención desproporcionada. Por ejemplo: cuando se nieguen otros familiares a contratar a personas de apoyo, ante quejas infundadas, cuando la persona cuidada finja síntomas desproporcionados para captar  mayor atención, si lo culpan de la situación de su acompañado y de no atender bien sus exigencias, si lo despiertan por la noche más de lo necesario, si rechazan otras ayudas externas. Y sobre todo procure no acceder a todos los caprichos de su acompañado y muchos menos cuando se muestre agresivo por no haber accedido a ellos.

 

            Conozca sus derechos como Cuidador Principal como: derecho a dedicar su tiempo a sus actividades sin sentimientos de culpa, derecho a resolver por Vd. mismo aquello que sea capaz, derecho a preguntar sobre lo que no comprenda, derecho a ser tratado con respeto por aquellos de quienes solicitamos consejo y ayuda.

 

¿Qué es lo mejor que podemos hacer por nuestros acompañados?

 

             Favorezca la autonomía de su acompañado: recuerde, no haga por él/ella nada que éste pueda hacer por sí mismo. Esto es paternalismo. Ayúdele solo en lo realmente necesario. Procúrele tiempo para que, con su ayuda, aprenda a realizar por sí mismo el mayor número de actividades. Estimúlelo para que siga utilizando sus facultades. Mantenga una buena comunicación desde la Escucha Activa. Enséñele aquellas rutinas que favorezcan su autonomía. Use cuantas ayudas técnicas, personales y materiales mejoren su calidad de vida. Aproveche las posibilidades que le ofrecen las nuevas tecnologías como Internet, Chat, Viodeconferencias, Telefonía móvil, Interfonos, Domótica del hogar, Adaptación de la vivienda… Motive y premie su autonomía. Evite riesgos y procúrele seguridad.

 

            Favorezca su autoestima: que su acompañado tome sus propias decisiones, que se sienta útil, que asuma sus responsabilidades, no haga comentarios negativos delante de su acompañado, preserve su intimidad personal, evite que se sienta vulnerable a la vista de los demás.

 

            Convoque reuniones familiares frecuentes: una buena forma de resolver los problemas tanto cotidianos como extraordinarios es, que todos los miembros de la familia se reúnan y expresen abierta y libremente lo que creen que es lo mejor en cada situación. Es muy importante que todos compartan la información básica sobre la situación.

 

Recuerde que puede solicitar ayudas

 

 Ayudas económicas: como pensiones de gran invalidez, subsidios de ayuda, ayudas para asistencia especializada, subvenciones para adaptación de viviendas, beneficios fiscales para mayores o discapacitados…

 

Ayudas en especie: como servicios de ayuda a domicilio, teleasistencia, fondo solidario para ayudas técnicas, material ortopédico, tarjeta de estacionamiento, adquisición de silla de ruedas, andador, muletas, barras asideras…

 

Ayudas técnicas: como guarderías, escuelas infantiles, unidades de trabajo social, centros de salud, viviendas tuteladas, centros de día, centros de respiro familiar, centros de asesoramiento, residencias, ludotecas y otra información y otras ayudas técnicas…

 

¿Quiénes nos pueden proporcionar este tipo de ayudas?

 

             Los profesionales que nos acompañan como trabajadores sociales, médicos, enfermeras/ros… amigos, otras personas que están viviendo una idéntica situación y nos pueden transmitir su experiencia, voluntariado de asociaciones, instituciones con o sin ánimo de lucro, servicios sociales, centros de salud o atención primaria, centros para mayores, centros para discapacitados, centros de menores, centros de día, centros de actividades ocupacionales, servicios de respiro familiar…

 

Consejos prácticos en la atención de personas discapacitadas

 

 En el aseo cotidiano como la higiene y el baño: Explíquele en todo momento qué se le va a hacer, facilite y enseñe el manejo de los utensilios, tenga las condiciones adecuadas en cuanto a la iluminación, limpieza, accesibilidad, comodidad, temperatura del agua, mantenga su autonomía y ayúdele sólo en lo necesario, cree rutinas para que asocie tareas, respete su intimidad, facilítele útiles de baño, realice adaptaciones técnicas necesarias como suprimir barreras arquitectónicas, adapte el inodoro, ponga suelos antideslizantes…

 

En la deambulación: Ofrezca seguridad y confianza, coloque letreros con figuras… que le faciliten su orientación, elimine obstáculos en escaleras, piscinas, en el coche… disponga de ayudas y adaptaciones técnicas, procure que se mueva para evitar secuelas producidas por la inmovilidad como escaras, procure cambios posturales, impidan que salgan solos de casa a los niños y discapacitados psíquicos.

 

Con la alimentación: De tiempo para que coma por sí mismo, inculque hábitos, enséñele a comer solo, establezca horarios fijos que faciliten las rutinas, proporciónele una dieta variada, utilice mobiliario y utensilios adecuados.

 

En la vivienda: Elimine barreras arquitectónicas, instale suelos antideslizantes, mantenga una buena iluminación y ventilación, ponga pilotos de emergencia, instale enchufes con protectores, adapte el mobiliario, la cocina que sea eléctrica y no de gas, evite piscinas no recubiertas, evite colocar espejos, cristales o cualquier otro material fácilmente rompible.

 

Cuando aparezcan trastornos del sueño como el insomnio: En el domicilio de la persona dependiente, cree un ambiente adecuado, ventilado, tranquilo y sin ruido, mantenga horarios fijos, procure que no duerma durante el día o no más de una hora de siesta, procure que realice ejercicios físicos, enséñele ejercicios relajantes, que no tome comidas copiosas, no espere a que muestre fatiga llorando, gritando o protestando, esté atento a como se comunica tanto verbal como no verbalmente, no utilice mantas pesadas que le dificulten la respiración.

 

Ante comportamientos de rabia, ira, enojo: No use medicamentos para calmar la rabia, la ira o el enojo salvo los que hayan sido prescritos por su médico, escuche los motivos de su agresividad, enséñele que esa actitud no conduce a nada, permita que verbalice todo su enojo y rabia, mantenga la calma, premie su amabilidad, tenga en cuenta que tanto el dolor como la fiebre suelen traducirse en cambios de comportamiento, evite riesgos innecesarios como tener objetos peligrosos a mano, no acceda a las demandas que no estén fundadas.

 

Ante la incontinencia urinaria: Ayúdele a enfrentarse al problema y a admitirlo y asumirlo, proporciónele ayudas auxiliares como pañales, bacinillas, cambiadores, prevea ayudas técnicas como barras auxiliares, inodoro elevado, orinal, procúrele una dieta y administración de líquidos apropiados.

 

A la hora de vestirse: Proporciónele ropa y calzado cómodo, dele tiempo para que lo haga por sí mismo (contando siempre con sus limitaciones), ayúdele sólo a lo que necesite, ayúdele en todo lo que le sea posible hasta que las rutinas lo favorezcan. Si no lo hace así lo hará sentirse inútil.

 

Cuando aparezca la tristeza, la inactividad y la apatía: Escuche los motivos de su tristeza, miedos, inactividad, apatía, inseguridad, Hágale sentirse vivo y útil, favorezca sus aficiones, procure que realice actividades físicas en la medida de sus posibilidades, también las manuales y culturales le ayudarán, el tiempo libre de que disponga lléneselo de aficiones que le gusten, invítele a que se relacione con otras personas, que participe en grupos, asociaciones, que visite parques, no insista ni le presione cuando no tenga ánimo y dele tiempo. Estimule cuanto pueda el buen humor.

 

A modo de conclusión:

 

Para todas estas “sugerencias”  aparentemente difíciles no hay otro secreto que: el valor terapéutico de la escucha, una buena disposición para pasar un tiempo agradable con nuestro acompañado, ser sensible ante el dolor total del otro (suma de dolores físicos, emocionales, sociales y espirituales), compartir el cuidado con otras personas, no haciéndolo todo hasta “quemarse” y busque otros recursos, que los hay.  

 

EL CAMINO DEL CUIDADOR 

 

  1. Si quieres vivir plenamente es necesario que te cuides a ti mismo y cuides también de los demás. Este equilibrio hará que tu paso por la vida sea fructífero y gratificante.
  2. Cuidar de alguien es algo sagrado. Date cuenta de que tus actos son verdadera plegaria.
  3. Valora los dones que recibes al cuidar a los más necesitados. Tendrás la oportunidad de ser más tolerante, paciente y compasivo, y de asumir la fuerza ilimitada del amor.
  4. Que tu voz interior, sabia y amable, sea la que te guíe cuando cuidas a alguien. No hay otra forma “perfecta” de hacerlo. La finalidad no es la perfección. Es el amor.
  5. A veces cuidar a los demás significa permitirles dar. Una postal hecha a mano, una sonrisa, un “gracias” que brota del corazón, son regalos que es preciso atesorar. Acepta de buena gana lo que los demás te ofrecen.
  6. No es necesario que adivines lo que les vendría bien a los demás. Mejor pregunta qué es lo que pueden necesitar en ese momento. Sus necesidades pueden variar de un momento a otro, de un día a otro. Sé flexible y abierto.
  7. La oración puede procurar consuelo a los acompañados (creyentes). Cuando te parezca oportuno pregunta con humildad: ¿Quieres que rece contigo? También puedes tener presente en tus oraciones a quienes  han sido confiados a tus cuidados. Ten fe y ora sencillamente.
  8. Se honesto con los demás, te ayudará a conectar con ellos. Decir la verdad, tanto a uno mismo como a los otros, abre caminos hacia el corazón.
  9. Una de las mayores expresiones de amor consiste en comunicar con la gente exactamente en el punto en que se encuentran. Ayuda a que vayan asimilando e integrando su situación. Ten la certeza de que Dios (para los creyentes) los guiará en este proceso.
  10. Escucha con toda atención y sin juzgar. Escucha con tu corazón tanto como con tus oídos. La escucha activa sentida es la mejor forma de que los demás comprendan que los valoramos y nos interesamos por ellos.
  11. Las personas necesitan contar sus cosas para habituarse a los cambios que hay en sus vidas. Tendrás que oír la misma historia más de una vez. Ten paciencia. Forma parte del restablecimiento emocional.
  12. Calma y consuela con un gesto oportuno. Una mano sobre el brazo o la espalda, un abrazo, o un suave masaje a un familiar, puede dar ánimos, demostrar apoyo y afecto, ayuda a curar.
  13. Observa los milagros de la vida cotidiana. Las actividades rutinarias pueden parecer a veces aburridas y de poco valor, pero también cuidando lo pequeño se puede experimentar una gran sensación de orden y sentido.
  14. Sé espontáneo. Sonríe. Ríete fuerte. Canta. Cuenta chistes. Celebra cumpleaños. Decora su habitación con motivos alegres y llenos de vida. Es mucho más fácil dar y recibir en un ambiente distendido.
  15. Cuidarse uno mismo es parte esencial del cuidado a los demás. Si sueles sentirte culpable cuando quieres tomarte tiempo libre y dedicártelo, recuerda que podrás dar con más libertad y mejores resultados cuando tú mismo estés lleno.
  16. Respeta tus propias necesidades y limitaciones. Los demás se sentirán más libres para pedirte lo que necesiten si saben que, debiendo cuidar de ti mismo, dirás que “no” cuando sea necesario. Además, comprenderás mejor las necesidades de los demás si satisfaces las tuyas propias.
  17. La responsabilidad de cuidar al que lo necesita puede resultar física, mental y emocionalmente abrumadora y agotadora. Procúrate el apoyo y el respaldo de los amigos –o de otras personas en tu misma situación- que te escuchen, te comprendan y aligeren tu carga.
  18. Cuando te sientas agotado y vacío, aprovecha las cosas que te ofrece la vida para apoyarte. Echar una siestecilla, contemplar la luz del sol, jugando entre las ramas de los árboles o escuchar una buena música, recordará a tu cuerpo, a tu mente y a tu espíritu que tienes la fuerza suficiente para seguir adelante.
  19. Atiende solícitamente tus necesidades físicas. El movimiento y el ejercicio físico te proporcionarán vitalidad. Los alimentos sanos y el descanso te fortalecerán.
  20. La meditación descansa la mente. Todo irá bien si te tomas unos minutos para aclarar tus ideas y conectar con tu ser intuitivo (para los cristianos Dios).
  21. Si tienes que cuidar a un familiar enfermo en casa, necesitas tomarte un respiro de vez en cuando. Consigue tiempo para ti mismo y da a otros la oportunidad de ayudar pidiendo un favor a tus amigos o parientes, a la parroquia o a la comunidad.
  22. Escapar alguna que otra vez de la realidad cotidiana puede ayudarte a recuperar tu vitalidad. Vete al cine, disfruta de tu comedia favorita, comparte un helado con tus amigos…
  23. La naturaleza tranquiliza, deleita, reconforta y nos recuerda nuestro lugar en el universo. Trae la naturaleza a casa cuando no puedas salir. Abre las ventanas, recoge hojas secas en otoño, huele las flores en primavera. Disfruta, lo mejor que puedas, del solaz que proporciona la naturaleza.
  24. Aprovecha, para tu propio bien y el de las personas que cuidas, el descanso que proporciona una buena respiración. Seguir el ritmo de la respiración calma los temores y alivia la tensión de quienes están enfermos  o padecen estrés.
  25. Escribe tus experiencias, sentimientos, frustraciones y deseos en un cuaderno especial. Tu diario será tu memoria, tu verdad, tu amigo. Te servirá además de autodrenaje emocional. 
  26. Si sientes un apremiante deseo de ayudar, tómate el tiempo necesario para considerar si lo que intentas es salvar, cambiar o manejar a una persona o una situación. No te corresponde a ti controlar la vida de los demás. Aprende a desvincularte y confiar en su proceso.
  27. También puede suceder que, aunque te esmeres prodigando cuidados, los demás prefieran ignorarlos. Cuando esto ocurra, respeta su decisión y quédate tranquilo; ya tendrás ocasión de volver a ofrecer tus servicios.
  28. A veces te dejarás llevar por el mal humor cuando tengas que cuidar de alguien. Puede que haya algún malentendido o que hayas olvidado cuidar de ti mismo. Busca la manera adecuada de expresar tu enojo, teniendo en cuenta que abrirás las puertas a una mayor intimidad y a un amor más grande.
  29. Se agradecido. Aliviará tu carga, ablandará tu corazón y te hará ver que no hay que preocuparse por el resultado. La gratitud facilita la aceptación.
  30. Es bueno estar abierto a la novedad y al significado particular de cada momento, pues ofrece la oportunidad de experimentar la riqueza de la emoción, la libertad, la espontaneidad y la profundidad del espíritu humano.
  31. Perdónate a ti mismo si no eres capaz ni de hacerlo todo ni de hacer mejor lo que haces. Cualquier cosa que decidas entregar es un don único y será suficiente.
  32. Cuando te sientas solo y necesitado, deja que Dios (para los creyentes) cuide de ti. Nadie sabe como Él qué es lo que más y mejor necesitas.
  33. Si adviertes que ya no puedes hacer nada por una persona, el mayor acto de amor es llevarla siempre en tu corazón.
  34. La pérdida de la persona que recibió tus cuidados te hará sentir triste y desolado. No seas demasiado duro contigo mismo y tómate el tiempo necesario para superar tu dolor. Vivir en profundidad tus propios sentimientos te dará valor y te hará sentir mejor.
  35. Contempla y saluda el amanecer si puedes. En medio de la confusión y la incertidumbre, el sol naciente es signo de que la oscuridad siempre da paso a una nueva luz y de que una fuerza amorosa dirige el universo entero (para los creyentes = Dios).
  36. Cuando fallece la persona objeto de tus atenciones, una sensación de alivio puede mezclarse con la tristeza de la pérdida. Es una reacción normal. No ignores este y ningún otro sentimiento que pueda aflorar. Todos forman parte de tu dolor.
  37. Saborea los momentos en que puedes apreciar el resultado de tu dedicación hacia otra persona. Habrá muchas ocasiones en que no podrás comprobarlo. Ten siempre en cuenta que lo que haces es una leve pincelada en un cuadro mucho más amplio y que cada cosa está exactamente en el lugar que le corresponde.

 

                                                                        BIBLIOGRAFÍA 

 

  • Actualización Demencias. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. 2001. 
  • Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. (2000) 
  • Consecuencias del cuidado sobre el cuidador y la Familia.
  • Cuando cuidador se convierte en paciente. Inmaculada de la Serna. Revista Juan Ciudad. Noviembre 2010.
  • Cuando las personas mayores necesitan ayuda. (Instituto de Migraciones y Servicios Sociales / IMSERSO / 1.997).
  • Dependencia y necesidades asistenciales de los mayores en España, una previsión para el 2010. (Fundación Pfizer).
  • Derechos de los Cuidadores. WEB.
  • El camino del cuidador. Julie Kuebelbeck y Victoria O`CONNOR
  • El cuidado de ancianos dependientes.
  • Guía para cuidadores y familiares. Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Navarra.
  • La importancia de un buen cuidador. Guía para cuidadores de personas dependientes. Servicios Sociales. Gobierno de la Rioja. 2ª Edición. 2005.
  • Manual de accesibilidad. IMSERSO. 1996
  • ¿Quiénes son los cuidadores de personas mayores dependientes?
  • Revista Minusval. (Ministerio de Trabajo / 1998). Nº 112. (Dossier Personas Dependientes)
  • Revista Minusval. (Ministerio de Trabajo / 1998). Nº 118.
  • Revista Minusval. (Ministerio de Trabajo / 1998). Nº 131. (Dossier Discapacidad y envejecimiento).
  • Revista Minusval. (Ministerio de Trabajo / 1998). Nº 134. (Dossier Atención Temprana)