Category: ANTROPOLOGÍA

Jornada Mundial del Enfermo, año 2013

Cartel Jornada Mundial del Enfermo 2013

El megalitismo en Gorafe (por Rafael Victoriano Vera Martínez)

Durante el Neolítico, se iniciaron cambios económicos y sociales de una importancia extraordinaria, que fueron protagonizados por  los hombres que vivieron en  espacios geográficos próximos al mar Mediterráneo y O. Atlántico, por ser ellos, junto con otros pueblos  europeos los  promotores de lo  que se ha dado en llamar “revolución neolítica”. Cambios que se iniciaron en el Próximo Oriente y que se difundieron por la Europa Central y Mediterránea.

Entre el V y III milenio a. C. se iniciaron un conjunto de transformaciones en la Península Ibérica, que se manifestaron con mayor intensidad en el sureste peninsular. Fueron entre otros. La práctica de  trabajos de agricultura, (cultivo de la tierra, ganadería etc),  cestería de esparto, sedentarismo,  construcción de chozas,  alfarería, uso de metales, ( cobre y bronce),  construcción de enterramientos colectivos. Las prácticas de enterramientos de alguna manera se regularizaron por ser realizados en dólmenes. Todos esos cambios hicieron más fácil la vida al hombre.

El dolmenismo  estuvo unido al “culto a la muerte”, al inicio de la agricultura,   ganadería,  sedentarismo,  alfarería,  uso de metales, (como el cobre, estaño, bronce). El fenómeno del dolmenismo fue una actividad que estuvo íntimamente relacionada con  la propiedad de la tierra de los pueblos que lo practicaron.

Esos  cambios afectaron también a los grupos humanos que vivieron en el Valle del río de Gor, los cuales, les permitieron liberarse poco a poco de los condiciones que les impuso el medio natural, ellos, dejaron de forma progresiva  ser cazadores  y  recolectores, para trasformarse en agricultores y pastores, lo que facilitó la “producción artificial de alimentos”.  El hombre en este periodo, fue también  capaz de encender  fuego cuando lo necesitó. Esos cambios no tuvieron el mismo  grado de desarrollo en  todos los lugares, ya que sucedieron en  ritmos de evolución diferentes.  Otro elemento fundamental que ayuda a entender la “nueva forma de vida” del hombre del Neolítico, fue el cambio climático,  el frío fue menos intenso que en el periodo anterior del Paleolítico,  por ello pudo pasar  más tiempo al aire libre.

Los pobladores neolíticos de Gorafe pasaron de tener una vida nómada, a hacerse sedentarios, de refugiarse en abrigos naturales, a construir chozas,  etc. El hombre  durante este periodo, perfeccionó   instrumentos y objetos de la vida diaria, que eran necesarios para las nuevas condiciones de vida. Así como también,  inicio actividades mágico-religiosas, con las que pretendió religarse con el más allá de la muerte. Su base económica fundamental  se basaba  en la ganadería y agricultura, Las herramientas de hueso progresivamente se irán sustituyendo por otras mas  elaboradas  de sílex para el trabajo de la vida diaria, estas, a su vez también se sustituyeron durante el calcolítico por otras de metal, ( cobre y bronce ). Estos grupos humanos fabricaron utensilios para la vida doméstica en  barro. (cerámica). También utilizaron el cuero y la madera, y el esparto.

El grado de desarrollo de los hombres del Neolítico no fue uniforme en todas las regiones de Europa, por estar condicionado por muchas circunstancias, especialmente por las bases tecnológicas y culturales anteriores.

En Gorafe, (lugar situado próximo al río de Gor, en la depresión intrabética de Guadix-Baza ) se inició  hace  unos 3000 años a. C. un proceso constructivo  de grandes piedras, de sepulturas megalíticas,  que se extendieron  desde las proximidades  de Gor hasta  los Baños de Alicún, pero que tuvo como eje de desarrollo mas importante en Gorafe, por ser el lugar central de este espacio geográfico, en él, había grandes piedras que  hicieron   posible las construcciones dolménicas,  y por ser este lugar,   camino de paso de personas y de intercambio  de las innovaciones neolíticas, de la culturas de Almería con las de Andalucía occidental y sur de Portugal.

Los pobladores neolíticos de Gorafe no tuvieron necesidad de transportar grandes piedras, como se hizo en otros “espacios dolménicos” de nuestra península, que a falta de materiales tuvieron que llevarlos al lugar destinado para la construcción de sus dólmenes. Las difíciles condiciones orográficas de la parte superior del Valle de Gorafe, no permitían el acarreo de grandes piedras, es por los que esos hombres utilizaron las  piedras del Valle del río de Gor sin necesidad de moverlas del lugar donde se encontraban.

El inicio de una rudimentaria agricultura en las proximidades del río,  la existencia de una fauna fácil  de ser cazada y domesticada y  la práctica de la ganadería,   (que  fueron las bases del sustento  de los pobladores neolíticos del valle), fue lo  que hizo posible, a los hombres que vivieron en las  márgenes del río, la realización del “conjunto arquitectónico funerario dolménico” mas extenso del sur de España

No se puede hablar propiamente de cultura megalítica, sino como un conjunto de elementos constructivos. Ello es posible, porque  estos grupos humanos  alcanzaron  un determinado nivel  económico,  tuvieron una  organización social mas compleja y por la práctica de  creencias mágico-religiosas  dando culto a sus antepasados, creencias que compartieron con otros pueblos mas lejanos, gracias a los contactos e intercambios.

Los monumentos megalíticos de Gorafe, estuvieron  unidos a la práctica del pastoreo y a la domesticación de animales, que realizaron  estos pueblos del calcolítico , en  las proximidades del río de Gor y en los bordes de la meseta cercana. Los constructores de los dólmenes de Gorafe, recorrieron este corredor, en pos de la búsqueda de pastos, durante los meses de calor, se trasladaban a las laderas  más frescas de las montañas próximas a Gor.

La arquitectura dolménica  es  también señal de dominio del territorio donde se ubica  la tribu, clan u horda que ha erigido la construcción. En ellas, enterraron a sus difuntos. Son tumbas  colectivas, de esa forma, aquellos grupos humanos se ligaron al medio.

Las construcciones dolménicas de Gorafe, por ser una zona de tránsito entre el levante peninsular con el sur de Portugal,  tienen la doble influencia de las culturas de Almería ( Millares y Argar ) y del Alentejo portugués.

El valle donde está situado Gorafe, tenía y tiene unas características propias, que le permitieron ser  lugar “de asiento y de tránsito” a unos pueblos que les posibilitaron hacer las construcciones dolménicas existentes en su  término municipal.

Los condicionamientos  del dolmenismo en la zona, estuvieron  determinados:  1º Por  el sustrato cultural.  2ª Por las influencias y aportaciones de las culturas próximas de Almería y de la baja Andalucía. 3º Por la  dependencia que impuso el medio geográfico a los pobladores neolíticos. ¨Esto, dio como resultado un dolmenismo con unas características propias que le diferencian de otros espacios también dolménicos del sur de España, como son los de las provincias de Málaga  y Huelva.

Los casi 240 dólmenes constituyen uno de los espacios megalíticos mas extensos  de España. Los dólmenes se encuentran situados  en ambos márgenes del río, y en los bordes de la meseta próxima.

Los constructores neolíticos de los dólmenes de Gorafe, comenzaban la erección de sus construcciones, a partir de la cámara funeraria, la primera piedra que ponían era la central, después el resto que la integran, se continuaba con el corredor, aquella se enlosaba, en algunos dólmenes aparece también enlosado el corredor, y se terminaba  con las losas que hacen de cubierta. La construcción se remataba  cubriéndola de tierra, formando un pequeño montículo, para sujetar la tierra, se colocaban unos anillos circulares de piedras. Los dólmenes están orientados  casi todos ellos hacia el Sur-Sureste. Es posible que ello, tenga un valor mágico-religioso.

Las formas en que se construyeron los dólmenes fueron muy variadas, se han descubierto hasta 16 formas geométricas diferentes de construcción de la cámara funeraria, ello  es debido al largo proceso constructivo.

El rito que se debía seguir cuando había algún fallecimiento, era el siguiente. El difunto se purificaba antes de ser sepultado, luego era llevado al lugar donde estaba situado el dolmen donde iba a ser inhumado, después de introducía   por la puerta, pasando el corredor hasta la cámara funeraria. El cadáver se adornaba con collares etc y se le ponía el resto del ajuar funerario. Previamente se habían recogido los huesos de otros difuntos que ya se habían enterrado en ese lugar, los cráneos se colocaban en la puerta de entrada de la cámara funeraria. Seguidamente  se cerraba la cámara para evitar la entrada de animales y la profanación del lugar. En el corredor delante de la puerta de entrada a la cámara funeraria, han aparecido cuencos, ello, puede indicar la realización de ritos de purificación del cadáver o de culto.

Los dólmenes de Gorafe, son de dimensiones menores que los de Andalucía occidental y de menor monumentalidad, pero no por ello dejan de ser menos interesantes. Los estudios y excavaciones realizados, han dado unos resultados muy esclarecedores que nos permiten conocer la organización social de los hombres del Neolítico que vivieron en la zona, de sus contactos con otros pueblos, de las aportaciones recibidas, del uso de materiales utilizados, como son: La piedra.  La cestería del esparto. Los metales,  como cobre, hierro, bronce). Del barro, para la realización de objetos de la vida doméstica. De los  animales con los que convivía, algunos de ellos los domesticó, (cabra, oveja) otros  los cazó, (conejo, liebre),  que fueron la base fundamental de su dieta.

Los primeros  estudios sobre el dolmenismo en Gorafe se iniciaron en la segunda mitad  del S.XIX,  en 1868 por M. Góngora Martínez,  años mas tarde por los belgas, hermanos Siret, (Enrique y Luis),. Durante el S. XX fueron George y Vera Leisner (ambos alemanes),  exploraciones efectuadas a finales de la primera mitad de este siglo  (1940). A principios de la segunda mitad del siglo XX, será el investigador, natural de Gorafe,  Manuel García Sánchez junto con Christian Spahni, los que realizaron el estudio sistemático y en profundidad de los dólmenes de Gorafe. Estos dos investigadores realizaron las mayores aportaciones así como también el mayor esfuerzo de excavación de los mismos, gran parte de lo descubierto se encuentra  en el museo arqueológico de la ciudad de Granada. Estos dos investigadores también realizaron excavaciones en la Cueva de La Caregüela en Piñar.

Recientemente, han surgido iniciativas,  desde el Ayuntamiento de Gorafe, con la ayuda de instituciones a nivel comarcal, provincial, y regional como:  Diputación, de Granada, Programa Leader II Comarca  de Guadix, Junta de Andalucía, Caja General de Ahorros de Granada, que han rescatado el dolmenismo en Gorafe  de la destrucción y del olvido. Creando con todo el conjunto monumental, un “Parque”, para que pueda  ser visitado. Se han habilitado para ello tres rutas, que permiten visitar los dólmenes y a la vez disfrutar de unos paseos muy agradables en contacto con la Naturaleza.

El Centro de Interpretación Megalítica, ayudará sin duda, a los potenciales viajeros que acudan a nuestro pueblo, a conocer el Parque  Megalítico:  la vida, avances y conquistas culturales del hombre durante el Neolítico.

El Parque tiene entre otras las siguientes finalidades: 1º De acogida de los potenciales viajeros  que acudan a él. 2º Como lugar de exposición del hecho megalítico. 3º. Como centro de documentación para las  personas interesadas  en este periodo tan importante de la Humanidad, en Gorafe. 5º Punto de partida para visitar el Parque.

Ello, puede ser motivo, para que nuestro pueblo, pueda ser conocido tanto en medios culturales como turísticos, factores, que  pueden  contribuir a mejorar su economía.

Rafael Victoriano Vera Martínez.

Ldº en Geografía e Historia.

"La calle del río de la vida" (por Rafael V. Vera Martínez)

 

Desde una de las  ventanas

de mi casa se ve una gran avenida,   altos edificios  la bordean, son  inmuebles modernos, sin nada especial,  los podemos encontrar en cualquier ciudad actual, dispone de amplias aceras por donde  pasan muchas personas,  que se cruzan   sin mirarse, a ninguna le interesa quienes  pasan a su lado, todos parecen llevar prisa.

 

Por la calzada, los coches cruzan  a gran velocidad, solo  paran en los semáforos. Es frecuente que algunos conductores no respeten las señales de tráfico, poniendo en peligro a los viandantes. Otras veces, son los peatones los que cruzan por lugares no adecuados, que ponen en riesgo a los automovilistas.   

 

Hace unos días pude ver diferentes formas de comportamientos,  que influyen  en nuestras relaciones y actitudes de unos hacia otros. Las personas  pasan unas junto a otras con rostros inexpresivos, e indiferentes, sin importarles para nada los sucesos ni preocupaciones que las otras protagonizan.

 

No pierdo la esperanza que algún día nos volvamos más solidarios, y que se recuperen los valores que no han debido desaparecer. 

En la calle suceden

 las situaciones más imprevistas,  que  son cotidianas de la vida actual.

 

Por la acera, veo a unos niños, a sus espaldas llevan unas gruesas bolsas, las supongo repletas de libros,  uno de ellos, bajo el brazo, lleva un balón  de futbol,  de  vez en cuando lo bota, otro  se lo pide, lo coge, le da una pequeña patadita y se lo pasa a un “niño gordito” que va a su lado, “el gordito” resopla de vez en cuando, debido al peso de la bolsa llena  de libros, éste, con tan mala fortuna golpea el balón estrellándolo en el cristal de un escaparate de un comercio de ultramarinos, el cristal salta por los aires, causando un gran revuelo entre los viandantes. El dueño de la tienda sale a la calle asustado por el ruido producido y por el destrozo causado. Al comprobar quienes son los causantes del desaguisado, sale en persecución de los niños, que a su vez habían salido corriendo, al ver las consecuencias de su balonazo.

 

Los niños corren como “galgos” sorteando a los viandantes. El tendero por fin pudo alcanzar al “gordito”.  En su afán de coger al niño, ambos caen al suelo, con tan mala fortuna para el tendero que el niño le cae encima, rompiéndole la nariz y  gafas, el niño llora amargamente su mala suerte por ser él y no otro el alcanzado. El hombre gesticula y  da grandes voces por las consecuencias que la  travesura ha tenido, en su nariz, en sus gafas y en el cristal  de su tienda. Algunos curiosos que no saben lo ocurrido, increpan al tendero, por   tener “al niño gordito” asido fuertemente de un brazo, y porque les apena ver a un hombre dar  voces a un niño.  Sin esperar los curiosos a razones, afean la conducta del tendero hacia el niño. El tendero mezcla con los gritos fuertes amenazas. Otros transeúntes terminan por ponerse a favor del ” niño gordito”.  Los demás niños logran escapar de la justificada ira  del comerciante. El tendero logró saber que “el niño gordito” era el causante de la rotura del cristal y  la dirección del padre, para comunicarle la acción de su hijo y que se hiciera responsable de la rotura del escaparate de su tienda.  El “niño gordito” logra escapar del tendero y baja la calle dando fuertes gritos, desapareciendo entre la gente.

 

Más allá, se ve una pareja de enamorados, ambos con pantalones vaqueros muy ajustados. Él, con una larga melena, ella, con una camisa muy corta que deja ver la cintura. Se paran en el centro de la acera, y sin reparar en nada ni nadie, empiezan a besarse con tal fuerza y desesperación,  como si fuera el último día de su existencia.  Ellos, no se enteran de nada de lo que pasa a su alrededor.  Pasado un tiempo emprenden de nuevo su marcha cogidos de la mano.

A la izquierda de los enamorados,

 en el tranco de un portal, con la espalda apoyada en la puerta de hierro, hay sentado un mendigo, de larga y descuidada barba, con la mirada fija en el suelo, no ve a nadie, con pies descalzos, cubre su cuerpo con una camisa y un pantalón renegridos, con la mano extendida pide a los viandantes unos céntimos, con los que comprará su ración diaria de vino.

 

Próximo pasa un Sr, muy repeinado y rasurado, con camisa blanca, corbata, americana y pantalón gris, zapatos lustrosos, seguramente  los ha embetunado antes de salir de casa. En una mano un cigarro, de vez en cuando da unas chupadas muy grandes, cuando expulsa el humo su boca parece una chimenea. En la otra mano lleva una gruesa cadena que ata a un  perro. Hombre y perro se parecen, los dos son chatos, con los dientes salidos y un poco oscuros. El perro se acerca al tronco de un árbol que hay próximo, se abre  de  patas traseras y deja caer gran cantidad de excrementos.

 

Una Srª mayor se acerca al hombre chato. Y le dice: Sr. ¿Este perro es suyo?. El hombre chato responde: Si, Srª.

 

La Srª le replica: Pues lo que el perro ha dejado también es suyo.

 

El Sr. chato. insolidario él, mira a la Srª.  Se da media vuelta. Y no recoge lo que el perro ha dejado.

 

Detrás del Sr. chato,  una Srª muy gruesa, que casi no puede mover su generosa humanidad, su grosor la fatiga, por lo que tiene que hacer frecuentes paradas en la acera. Gruesa de cara, nariz pequeña. Los ojos casi no se ven por estar tapados por los pómulos. Boca también  pequeña. La cabeza arranca directamente de los hombros. Las orejas no se ven por estar cubiertas por un espeso y largo pelo negro. De brazos y manos también gruesos, en  los dedos  lleva puestas sortijas de escaso valor. Lleva un  vestido de color rojo, que resalta aún más su gruesa figura,  le cubre todo él, casi hasta los tobillos. Va calzada con unos gruesos zapatos que no le permiten andar con comodidad. De la mano lleva a un niño al que da unos gritos, tan grandes como si acabara de ver al mismo diablo, el niño asustado no deja de llorar al oír las voces que la mujer gorda da. Por el aspecto de la mujer, no parece que sea  madre del niño.

La mujer gorda y el niño

 desaparecen al doblar la primera travesía que encuentran.

 

Sentados en un banco que hay en la acera, una pareja de ancianos están sentados hablan muy poco entre ellos,  cuando lo hacen es con monosílabos y gestos. El sol se refleja en la brillante calva del hombre, de vez en cuando este  pasa la mano por ella, como queriendo alisarse el pelo que no tiene o tal vez por quitarse el calor. Al lado está su mujer, de pelo blanco muy bien peinada como si acabara de salir de la peluquería. De vez en cuando algo dice a su marido señalando algunos de los que pasan. Después de un largo rato de estar sentados se levantan con dificultad, ella se coge del brazo de su marido, y tras unos pocos pasos, se meten en una cafetería, que hay frente al banco donde  estaban  sentados.

 

Antes de  que los viejecitos se metieran en la cafetería, por delante de ellos cruza una pareja de jóvenes. Ella con una larga cabellera pintada de  rojo intenso. La cara se nota que no la ha lavado en varios días, En las cejas y nariz lleva “piercings” de todo tipo. Lleva puesto un vestido largo negro con lunares que le llega hasta los pies. En los brazos lleva unos manguitos de color azul. Su acompañante, lleva ambos lados de la cabeza  afeitados, y sobre la frente, luce un empinado penacho de pelo pintado de verde, que apunta hacia el cielo. En la frente, labios y orejas lleva puestos “piercings” de todas formas y colores, En los brazos luce unos tatuajes y gruesas pulseras de cuero, con remaches brillantes. Cubre su cuerpo con una camisa y, sobre ella un chaleco. Sujetando el estrecho pantalón, un ancho cinturón de cuero, con remaches metálicos puntiagudos. Calza unas gruesas y sucias botas que  no  ha limpiado jamás. El, lleva al cuello un collar, que tiene una argolla, de la que  cuelga una  cadena, ella la lleva cogida. Ambos, de vez en cuando, alargan la mano hacia los viandantes, para pedirles unas monedas, casi todos se desvían al ver tan disparatada pareja, casi todos se niegan a las peticiones de los dos jóvenes, pocos son los que acceden a dar algo. La singular pareja, cansados de no obtener recompensa a sus peticiones, terminan por marcharse calle arriba, hasta desaparecer por una estrecha calleja.

 

De pronto, sin saber como, un grupo de viandantes se juntan, gesticulan, algunos corren hacia el comercio más próximo, sacando unas palanganas, se aprecia que llevan en ellas agua, porque con la prisa se le ha derramado, manchando el suelo de la acera, algún otro lleva en la mano una toalla .  Los de las palanganas y toalla, se abren paso entre la gente arremolinada. No se puede ver, alguien ha debido sufrir un desmayo, se agachan y parece que se disponen a limpiar a la persona desmayada. Algunos, se observa que protestan, con gestos que parecen decir, que al caído no hay que tocarlo, hasta que llegue la ambulancia, que alguien ha llamado. Ya  se oye el fuerte sonido de su sirena. Otros viandantes pasan de largo, con caras inexpresivas, sin interesarse por lo que allí pasa.

Más adelante, una mujer

 que por su aspecto aparenta unos tener unos treinta años. De pelo rubio ensortijado, pintada en exceso en ojos y boca. Lleva un ceñido abrigo de piel negra,  bastante largo. Calza unas  botas de tacón alto, da la sensación que va a caer de bruces en cualquier momento. Del hombro izquierdo cuelga un bolso que hace juego con el abrigo. Cogida por la mano derecha lleva una gran y pesada bolsa, que por la publicidad que lleva impresa  se aprecia que viene de compras de unos grandes almacenes que hay próximos, que están de “rebajas”. El peso de la bolsa acentúa más la inestabilidad de la mujer de pelo rubio ensortijado. Después de andar cortos trayectos, hace  paradas, para recuperar el aliento y el equilibrio, una vez recuperada, reemprende de nuevo la marcha, en una de esas paradas, se le acerca un hombre se aprecia que cruzan unas palabras, éste le ayuda a llevar la pesada bolsa. Calle abajo la mujer de pelo rubio ensortijado, y el hombre que le ayuda, desaparecen con la pesada bolsa confundidos entre los viandantes.        

 

Por la acera veo un perro callejero, pasa entre la gente, nadie repara en él, del cuello cuelga una larga cuerda muy sucia, que arrastra entre sus patas. Un hombre que se encuentra sentado en el suelo, apoyando la espalda en el tronco de unos de los árboles que hay en los pequeños y descuidados jardines que bordean la acera, con una voz ronca y aguardientosa da un fuerte grito, dirigido al perro, éste se vuelve, conoce el grito de quien le llama, y bajando la cabeza, corre a reunirse con él, cuando está junto al hombre de la voz ronca,  lo caricia, y le ordena que se tumbe. Hombre y perro se juntan para darse color de tal forma, que parecen solo uno.

 

Por delante del hombre del perro. pasa rápido un grupo de muchachos  muy jóvenes, en sus caras reflejan toda la alegría de su juventud. La conversación que llevan entre ellos, es oída por los viandantes. A veces se empujan, otras veces se  gritan. Todos  cruzan la calle corriendo por el primer paso de cebra que encuentran, sin esperar a que cambie la luz roja, aprovechando  un instante que no pasan vehículos.

Pegados a la pared de un “super”,

 hay dos músicos callejeros, uno toca un viejo violín el otro una guitarra, los dos instrumentos están muy desafinados. Los “instrumentistas”, estan cubiertos de sendas boinas negras “caladas” hasta las orejas,   se mueven de forma torpe al compás de las melodías que mal interpretan  de forma estridente. El que toca el violín, de vez en cuando,  lanza una sonrisa, abriendo un poco la boca dejando ver una destartalada dentadura a aquellos que le dejan una moneda en la desvencijada caja donde guarda el otro la guitarra, cuando terminan de dar su “concierto” callejero.  El otro es un poco bizco, es el de la guitarra, cuando toca su instrumento, parece que está mirando a los que pasan,  no es así, lo que está haciendo es mirar las cuerdas de la guitarra. Alguna viejecita que pasa con andar cansino, arroja una moneda. La mayoría de los peatones lanzan  miradas de reojo envueltas en compasión hacia los dos tristes músicos sin detenerse.

 

Poco más adelante dos jóvenes, muy elegantes, vestidos con trajes oscuros, llevan un  maletín  cada uno, fuertemente cogido por la mano derecha,  con aire de ejecutivos, cruzan entre la gente sin reparar en nada ni nadie conversando entre ellos.

El semáforo de la calle

 en ocasiones no es respetado por los automovilistas, unos  porque llevan una velocidad excesiva, otros por descuido, o por estar hablando con el compañero que viaja a su lado. Es curioso ver que muchos automovilistas se tocan la nariz y meten sus dedos en ella, con tal “interés y fuerza” como si fueran una barrena, que parece como si quisieran sacarse  un ojo por la nariz, cuando lo que se sacan son las “secreciones secas “ que hay en ellas, lanzándolas algunos al exterior del coche.

 

Más allá hay unos obreros municipales, con su ropa de trabajo, hace más de una semana que llegaron, con unas vallas, herramientas  y una máquina. Después de delimitar un trozo de acera, abrieron una zanja haciendo un ruido infernal. De vez en cuando los “trabajadores” desaparecen, dejan herramientas, máquina y vallas, pasadas  varias horas vuelven, hablan  entre ellos y con algunos de los que pasan todo el tiempo que quieren, y la zanja no se termina ni se tapa. Otros miran con disimulo a los “trabajadores”, Muchos dan un rodeo para no ver, la forma negligente de hacer “su actividad esos trabajadores”. Una obra rutinaria la han convertido en algo molesto e interminable.           

 

                                                                       Rafael V. Vera Martínez