Archive for: mayo 2013

“IMPULSOS”, de May Gañán y José María Mejorada, en Córdoba.

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El productor musical Fernando Vacas -segundo por la derecha- ha presentado esta tarde a los autores del libro “IMPULSOS”  José María Mejorada y May Gañán -primeros por la izquierda- en  un feliz acto, abundantemente recogido por los reporteros gráficos de los medios locales y caracterizado además por la originalidad de su puesta en escena y un intenso clima de reencuentro y complicidad entre los autores y el numeroso público presente en el salón de actos de la Fundación Miguel Castillejo, representada por Antonio José García Uceda -en el centro- con los auspicios de la Asociación San Pelagio – Proyecto Humanitas en el Programa “CORDOVALOR” (Córdoba en Valor) que la misma viene desarrollando bajo la guía de José Antonio García Uceda, su presidente (primero por la derecha). Nuestra felicitación a todos, y nuestra gratitud a José Luis Jiménez por la instantánea aquí reproducida.

Crónica de la visita cultural a Priego (por José Calero Román)

viaje a priego abril 2013 En cumplimiento del proyecto de viajes a nuestros pueblos cordobeses, hemos visitado Priego de Córdoba el día 27 de abril. Por falta de viajeros hubo que renunciar al previsto autobús y, a las 8h. comenzamos a circular en busca de la autovía de Málaga en tres coches particulares. Dejando atrás Lucena y Cabra, llegamos a Priego alrededor de las 9´30, y después de los aparcamientos, tuvimos en amigable convivencia un suculento desayuno en el Restaurante RAFI. A continuación, y después de pasar por la plaza donde está el Ayuntamiento, llegamos al Museo Arqueológico. Nos recibió muy atentamente Rafael Carmona, gran arqueólogo y director del Museo que, a continuación, nos dio una vuelta por todas las vitrinas expuestas. Quedamos encantados con su magistral, sabia, y perfecta comunicación.

   En el mismo recinto, pero en distintas salas, se halla el Museo “Lozano Sidro” con la obra pictórica del insigne pintor prieguense. Nos lo explicó Miguel Forcada, concejal de Cultura, gran conocedor de este tema, y en su comunicación no sólo nos habló de la obra pictórica expuesta sino también del continente: la hermosa casa palaciega, propiedad en su tiempo de la familia de Lozano Sidro.

   De nuevo nos atendió Rafael Carmona que nos llevó al castillo callejeando con un clima desagradable. Nos enteramos de su historia, de origen romano y luego fortaleza árabe; y subimos a lo alto de dos torres para contemplar el panorama en lejanía por sus cuatro puntos cardinales.

   Muy cerca del castillo está el hermoso templo parroquial de la Asunción. Con las explicaciones de nuestro compañero Juan José Caballero, admiramos su aspecto exterior e interior gótico-mudéjar del siglo XVI, destacando el Sagrario barroco del siglo XVIII, gloria de la arquitectura andaluza y española.

   Paseamos a continuación por el “Barrio de la Villa” de calles estrechas rebosantes de macetas floreadas sacando fotos en calle Bajondillo, sobre todo, y en la primorosa placita de San Antonio. Llegamos hasta el Adarve donde el universo se hace paisaje. De regreso, nos asomamos al hermoso  “Paseo de Colombia” con sus tres fuentes y jardines, y seguimos nuestros pasos hasta desembocar en otra joya arquitectónica barroca: la iglesia de San Francisco, residencia de la venerada escultura de Jesús Nazareno que el Viernes Santo siembra el éxtasis tumultuoso de la ciudad.

   Seguimos nuestro paseo callejeando por Priego hasta llegar a un espacio arbolado, deliciosa alameda donde se encuentran las dos fuentes más emblemáticas de Priego: la Fuente de la Salud y la   monumental Fuente del Rey. De nuevo Juan José Caballero explicó la primera, y fue el que esto suscribe quien dio algunos datos históricos y visuales de la Fuente del Rey, monumento único en Andalucía. Admirando casas señoriales seguimos paseando por la curvilínea calle Del Río haciendo una parada para visitar también el neoclásico templo de la iglesia del Carmen. Terminamos nuestra visita llegando de nuevo al restaurante Rafi donde repusimos fuerzas en reconfortante convivencia gastronómica. Acto seguido cogimos los coches y, unos por Baena y otros por Lucena, regresamos felizmente a casa recordando el pasado: Santaella, Rute, Aguilar, Montoro, Doña Mencía, el reciente Priego, y con la mente puesta en la próxima visita: Castro del Río.

José Calero Román

 

Un sacerdote bueno; por Manuel Torronteras Lora, en memoria de Rafael Gutiérrez Márquez.

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Dice Pablo: “No os entristezcáis del modo que suelen los demás hombres que no tienen la esperanza de la vida eterna“. Esto debe ser real para nosotros, pero también es real, cercano, latente, que nuestro amigo ya no está, que ha marchado. Y aunque la esperanza nos conforte, el corazón se oprime con la tristeza, porque, aquí y ahora, Rafael Gutiérrez ya no está con nosotros.

Rafael apareció en mi vida por razones profesionales, razones de su posición en el Magisterio y, desde ese momento, volví a encontrarlo una y otra vez. Fue mi compañero tenor en la coral de la Cátedra “Ramón Medina” y en esa época hicimos una amistad extraordinaria; era muy fácil ser su amigo porque en él se encontraban todas esas virtudes que hacen atractiva a una persona entre las demás: sabía hablar de forma agradable y convincente; poseía una voz sonora y armoniosa; era cariñoso y, sobre todo, sabía ser amigo; estaba pendiente de tus necesidades y no escatimaba jamás esas atenciones, esas pequeñas o grandes atenciones que nacen del corazón y que tanto nos satisfacen a todos.

Hace unos veintitantos años tuve otra vez contacto con Rafael, me refiero a un contacto de continuidad, no al saludo que se intercambia en un momento; lo encontramos al asistir a la Misa en el Convento de las Salesas, donde era Capellán y del que fue y es Capellán Perpetuo.

A él le gustó encontrarnos allí e inmediatamente reanudó con nosotros, con mi mujer y conmigo, la amistad entrañable de otros tiempos. Sin quererlo nosotros, aunque sin oponer demasiada resistencia, nos convirtió en lectores, en monaguillos, y, quizá por la proximidad de nuestra casa al convento, se metió más y más en ella y, más y más en nuestro corazón.

Iba a casa a comer con nosotros, a veces a instancia nuestra, otras por propia iniciativa, pasaba horas y horas allí y hablábamos de todo lo divino y lo profano; cantábamos o contrastábamos nuestras opiniones o convicciones.  Por él, creo que se hubiera quedado con nosotros para siempre; a lo mejor porque mitigábamos un poco o un mucho su soledad, porque los que sirven al Señor, saben mucho de soledad humana.

Cuando notó que sus facultades, (prodigiosas facultades), se apagaban un poco, aunque no era aún casi perceptible ese retroceso, me dijo: “Manolo, voy a hablar con el Señor Obispo y le voy a pedir que me jubile, porque los fieles no se merecen a un cura que no dé al máximo“. Este fue el principio de su adiós. Después siguió viniendo a casa, fuimos a visitarlo, pero ya no fue igual; poco a poco su memoria, que había sido fantástica, se fue resintiendo y se fueron borrando de su cabeza caras, voces, personas. Entonces ya se había ido; lo del día trece de  este mes de Abril ha sido su confirmación, la consumación de su despedida.

Rafael fue un hombre bueno, sacerdote bueno que sabía llegar al corazón de los fieles que lo escucharon, un músico bueno, un cantor bueno, un amigo bueno.

Muchas veces hablamos de que el amor de Dios no acaba nunca, no se acaba nunca; que, pasara lo que pasara, siempre nos espera, siempre está presto a recibirnos, como el padre del Hijo pródigo. Él y yo, lo mismo que Lourdes, mi esposa, lo creemos así. Por eso: “No os entristezcáis…

 Manuel Torronteras