Exigencias de la fe ante la muerte (por Blas Lara)

ORACION POR UN ALMA INOCENTE

(Unas líneas pensando agradecido en los amigos de la Asociación San Pelagio que me han escrito un mensaje de pésame)

Hélène y yo, como dos hormiguitas al pie de un inmenso muro como una de esas montañas de los gigantescos Alpes que tengo ante mis ojos desde el salón de la sección de Cuidados Paliativos. Así, como dos hormigitas, rezábamos, más bien gritábamos, Hélène y yo pidiendo ayuda a Dios. Y sin parar durante los tres infinitos meses de su lenta agonía.

Y Dios que no responde. ¿Nos oye siquiera ? Ante el absoluto silencio de Dios y su aparente sordera, se comprende bien la tremenda exigencia de la fe para seguir invocando a Dios en esa situación. Es como lanzarse al profundo abismo en la oscuridad más completa contra toda racionalidad y contra toda experiencia de los sentidos. Eso es la fe sentida en toda su crudeza.

¿ Por qué Dios nos pide tanto a los hombres?

Hélène me tenía a mí por su Dios, porque siempre le había resuelto sus problemas. Tres meses diciéndome cientos de veces : »Ayúdame Blas. No puedo más ». (Como me imagino que hace un náufrago en alta mar). Yo era un dios impotente, absolutamente incapaz de hacer nada por ella.

Y yo diciéndole: ¿Qué puedo hacer por tí, Eleni agapi mu (amor mío) ? Anda, dí conmigo, « ayúdanos Dios mío, a Hélène y a Blas ».

¿ Pero qué ha hecho esta inocente niña para ser castigada tan duramente ? ¿ Y para qué sirve este dolor ? A mí me es difícil entender la utilidad del dolor de Jesús en la Pasión. Y me acuerdo de lo que se nos ha dicho desde los años del catecismo. Y me acuerdo de algunos textos de San Pablo : Y Dios amó tanto a los hombres que nos dió su hijo unigénito….¿ Qué necesidad había ? De nuevo : ¿ Por qué Dios nos pide tanto sacrificio de nuestra racionalidad a los hombres?

Jesús en la cruz esas pronuncia antes de morir unas terribles palabras : « Dios mío ¿por qué me has abandonado ? « ¿ Dios, El ? ¿ El Hijo predilecto de Dios entre todos los hombres así castigado ?

No puedo más. Con Jesús yo digo : Nuestro padre querido que estás en los cielos…. Un acto de fe ciega.

[Blas Lara ha ejercido de Jefe del departamento de Informática, Investigación Operativa y Estadística de Nestlé (Vevey, Suiza), y es Catedrático Emérito de la Universidad de Lausanne. Libros principales suyos son, entre otros: "The boundaries of Machine Intelligence"; "La decisión, un problema contemporáneo"; y "Negociar y gestionar conflictos". (Nota del Administrador)]

3 comments on “Exigencias de la fe ante la muerte (por Blas Lara)

  1. francisco gil porras dice:

    Me parece durisimo, solo una apreciacion, cuando Cristo dice “Dios mio, porque me has abandonado”, es el primer verso del Salmo 22, q es un canto a la esperanza, Cristo en ese salmo da la clave de la Pasion, mediante su muerte vence al mal.

  2. Pope Godoy dice:

    Estremecedor el testimonio de Blas. Interpelante y desolador. Durante dos días me he dejado zarandear por sus preguntas y me he sumergido en sus interrogantes… Al final he vuelto a las palabras de D. Bonhöffer: “Ante Dios y con Dios, vivimos sin Dios”. Las primeras comunidades cristianas lo tenían más fácil: todo estaba previsto, programado y “querido” por Dios. Sólo hacía falta rastrear las profecías (muchas veces cogidas por los pelos). Aún así tenemos tres relatos de la muerte de Jesús difícilmente armonizables entre sí: Marcos (Mateo…), Lucas y Juan. Pablo desarrolló una teología de la redención y de la expiación que ahora nos resulta chirriante y hasta escandalosa. Y se termina con la afirmación brutal de Hebreos 9,22: “sin derramamiento de sangre no hay perdón”. La terrible contrapartida es la imagen de Dios exigente, insaciable y hasta cruel.
    Para nuestra mentalidad moderna el reto es mucho más difícil: “Todo sucede como si Dios no existiera”… No hay actuaciones visibles o espectaculares de Dios. Al contrario, se producen gigantescas catástrofes naturales y espeluznantes crueldades humanas que cuestionan nuestra tradicional concepción intervencionista de Dios.
    La progresiva adultez humana significa la soledad ante nuestra propia historia y ante nuestras perplejidades insondables. La más cruel, sin duda, es el sufrimiento. Ya hemos aprendido que el sufrimiento no es un castigo ni una expiación. Valoramos muy positivamente el dolor y las penalidades asumidas para ayudar a otras personas pero nos revelamos contra el dolor sin sentido y sin esperanza. El reto de la medicina moderna es aliviar el dolor humano y existe una conciencia creciente de optar por una muerte digna cuando ya no hay esperanza de una vida mínimamente humana.
    Me gusta la formulación de Díez Alegría en su credo: “Sabemos que Dios no tiene manos, pero nosotros estamos en manos de Dios”. Pues sí, así me siento yo. No es protección ni ayuda, ni respuesta a mis preguntas. Es Presencia silenciosa y lacerante, siempre cuestionada y desestabilizadora, sin dogmas ni seguridades… Eso sí, cargada de paz y de alegría en medio de la incertidumbre y el desconcierto.
    ¡Gracias, Blas! Un abrazo largo e impotente desde la lejanía cercana…

  3. Fernando Jiménez H.-Pinzón dice:

    Queridísimo y lejano amigo Blas: Acabo de leer casualmente la noticia. Y me siento muy conmovido por tu desgarro, por tus palabras de honrada impotencia, por tu súplica y tu humildad… Te lo escribo aquí porque no tengo otro medio de acercarme ahora a ti, y desde aquí te hago llegar mi abrazo, fuertísimo, en el recuerdo entrañable y en la presencia inalterable de tu Helena.
    Te voy a poner unas palabras que alguien me escribió en una situación mía, lejanamente similar a la tuya. Son palabras de san Agustín : No estoy lejos, tan solo en otro recodo del caminio. Volverás a encontrar mi corazón. Volverás a encontrar su ternura acrecentada. Enjuga tus lágrimas. Y no llores mas si me quieres.
    Con mi abrazo y mi cariño, y con mi amistad, tan lejana como nuestra antigua juventud…
    FERNANDO

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