‘Deum laudamus’ (por Lourdes Lucena, ‘in memoriam’ Abelardo Lobato)

Abelardo-Lobato-Casado-300x162He de remontarme al curso 1973-74 cuando, como lanzada desde un paracaídas, sin saber si el aterrizaje sería el adecuado, pero con la seguridad que te da una persona como Abelardo Lobato, aterricé en Roma. Llena de miedos e incertidumbres, de interrogantes de difícil respuesta y con la responsabilidad añadida que contraje con un grupo de amigos, que entonces me parecía muy grande, casi desconocidos, pero al que me unía la misma inquietud, situación personal y necesidad de encontrar rumbo más o menos seguro hacia un puerto, desconocido, inquietante, pero que presumía tranquilizador y seguro, me lancé a la aventura.

Muchos años antes había conocido a Lobato. Era yo una jovencita saliendo de la adolescencia pero que ya apuntaba luchadora, emprendedora y con inquietudes trascendentales. Aquellos Ejercicios Espirituales en Madrid, cuando apenas tenía, aún 15 añitos, me marcaron. Lobato ya se me manifestó  como el hombre que te encara, de forma directa y contundente con LA VERDAD. Una verdad que yo tenía que ir concretando y dando forma en mi vida personal.

Como el Santo de Hipona (a quien Lobato admiraba enormemente y conocía en profundidad), anduve por caminos diversos y fue en Granada, cuando me volví a encontrar con él. De igual manera, en esta misma ciudad hablé la última vez en mi despedida, porque en Cádiz ya, por teléfono, presentí el final y no me reconocía. Él marchó de mi vida en este mundo un mes antes de la fecha oficial.

En mi encuentro granadino, se fraguó la apasionante aventura que durante año y medio viví aprendiendo de su saber pero, sobre todo de su vida.

Ese año de 1974, ¡cómo preparamos el Congreso de Santo Tomás de Aquino!, del  que surgió la SITA, que fue su quehacer más intenso a lo largo de sus días.

No salía de mi asombro ver tantos hombres de ciencia, teólogos, intelectuales y filósofos de todas las confesiones e ideologías; millares de cartas. Yo tan “palurdilla” y temerosa, rodeada de tanta sabiduría, y conociendo a Sto Tomás de la manera tan formidable como lo estaba haciendo.

¿Día grande?, el 19 de Abril de 1974, Pablo VI en el Angelicum y yo al lado de Papa al que tanto llegué a admirar, y el que hizo posible, para mí, tantas cosas en la Iglesia, concentradas en el Concilio Vaticano II.

Aquí quería llegar para decir alto, claro y con total rotundidad, que Lobato era un hombre de Iglesia, a la que amaba profundamente y por la que luchaba. Muchas veces me comentaba su afán de llegar, a través de su persona, a donde  estaba convencido que tenía que llegar la propia Iglesia.

La vida de tantos sacerdotes que vivieron años difíciles, de confusión, de reencuentro consigo mismo, tratando de normalizar su situación en la sociedad como ciudadanos y como cristianos comprometidos, pero que necesitaban regular su nuevo estado. Él me decía: “No me importan las críticas, que hubo muchas, sé que no hago nada que no esté convencido de que la Iglesia debe hacer. Estas personas han realizado unos estudios y el Angelicum, en nombre de esa misma Iglesia, les regula una situación que de otra manera no podrían hacer.

Se jugó mucho, pero su alegría y el orgullo que experimentaba cuando veía a tantas personas salir del hoyo de la confusión e incertidumbre, me hacía renovar fuerzas y seguir la batalla que él libraba incansablemente; yo me derrumbaba antes, y de él siempre recibía vitalismo y energía positiva para seguir en la brecha.

Si he de resumir la personalidad de Lobato, nada mejor que citarlo a él mismo.

Con motivo de su 84 aniversario, en el 2009, nos decía a sus amigos: “Debo dar gracias, colocar el amor a mí mismo en su puesto y dar nueve pasos (aludía al año) como Tomás para promover el Humanismo cristiano. Una voz interior me aconseja; Abelardo, agradece, anímate, humaniza”.

Esa era la tónica de su vida. Hombre vitalista %. Comentaba en Septiembre del 2007, en el comienzo de Curso: “Experimento la sensación del comienzo del año en sus dos dimensiones; -la vuelta al cole- como un crío, y el comienzo en Enero. Los dos circulares y limitados. Pero para mí, en ninguna de los dos significados del año, el círculo es el eterno retorno de lo mismo, sino el itinerario existencial. Una nueva Vía Appia con sus piedras milenarias que se van haciendo al andar, por eso volvemos a lo andado, para seguir andando, mientras tenemos tiempo, y citando a S. Pablo, concluía, el tiempo se nos da como un regalo o como un talento que se nos confía.

Es hermoso volver al principio, y más hermoso volver a caminar, ligero de equipaje y no extraviarse en las encrucijadas”.

Este es el hombre que recordamos: Su amor a Dios que lo especificaba en LA VERDAD, LA BELLEZA Y EL AMOR.

Buscador incansable de la Verdad y con una única ocupación en la vida: llevar, esclarecer, enseñar y extender la Verdad hasta el último rincón del mundo; desde la cátedra y desde su ingente obra. La Verdad era Dios mismo. Pero ese Dios lo personificaba en Cristo y en cada hombre y mujer que, según él reflejaban la belleza suprema de ese Dios creador del Cosmos y la Vida.

Su amor a la Persona, lo ha dejado patente en numerosos escritos. Personalista insigne. Creía en la persona, entendía lo “bello y sublime de la persona” y se comprometía con la persona hasta extremos impensados.

Su amor lo manifestaba en sus cualidades humanas de cercanía, alegría manifiesta, optimismo nato. Nada le hundía para hacerle desistir o desconfiar. Se entregaba sin medida y valoraba y agradecía como el más pobre de los mortales.

En su 85 cumpleaños, comenzó a sentir la limitación de la vida y trató el tema de la “senetud” magistralmente.

Reflexionaba en el tema según la teoría de los filósofos griegos como Aristóteles, el sabio Cicerón y nuestro paisano Séneca de forma “terrible”, y que él empezaba a vislumbrar en el Alzeimer que le diagnosticaron. Pero ponía de manifiesto cómo la tradición judeo-cristiana, iluminaba esta etapa y la cargaba de belleza. Decía. “El sufrimiento ayuda a madurar al hombre y la serenidad lo dispone para la vida contemplativa”. Pienso que este fue su último retiro tanto en Granada como en Cádiz. Cito otra frase suya que es realmente conmovedora para plantearnos la vejez desde la perspectiva que nuestro maestro y amigo se la planteó: “El viejo humano puede vivir como joven cristiano porque el alma está por encima del tiempo; es inmortal”,

Nunca dejó de sentirse esencialmente dominico y como tal su lema de vida era, Laudare, Bendecire, Predicare. Así lo conocí y así lo vi vivir. Siempre alabando, agradeciendo, glorificando a Dios y llevando la fe de la Iglesia y el mensaje Evangélico allí donde iba, y, sobre todo, en lo que hacía.

Un recuerdo personal último se remonta a la Semana Santa del 2009. Le invité a mi pueblo, Aguilar, a predicar. Ya casi no se le oía hablando por el Parkinson. Me respondió lleno de humor, ¿dónde va un predicador al que no se le oye? Pero no importa, aquí me tienes caminando juntos los tres: este menda, el computer y mi querido amigo, maestro, santo, gordito, encantador, Tomás de Aquino. Tres como los mosqueteros. Seguimos trabajando mientras el cuerpo resista. Lo más que puedo ofrecerte, un escrito para mi “pequeña, gran filósofa”. Así me llamaba con un tinte cargado de sana ironía porque bien sabía él lo “limitadita” que estaba en ello. Pero, lo mucho o poco que tengo a él se lo debo y lo valoro en “demasiado”.

Acabo esta pretendida semblanza, utilizando como despedida las mismísimas palabras que él utilizó cuando despidió a su hermano Pedro al darle sepultura.

Méteme, Padre eterno en tu seno, misterioso hogar; dormiré tranquilo, pues vengo cansado de tanto bregar”.

2 comments on “‘Deum laudamus’ (por Lourdes Lucena, ‘in memoriam’ Abelardo Lobato)

  1. pruden riego dice:

    Yo tambibién fuí una afortunada conociendo al hobre, al sabio, al profesor, al amigo, fueron unos añosestupendos donde a la sombra de su inteligencia algo aprendí, sobre todo en el tiempo en que me dirigió la tesina en Roma. Gracias por lo relatado . me gustaria contactar con Lourdes Lucena Sampedro

  2. Lourdes Lucena dice:

    No se quie eres.Me entran mensajes tuyos, y el hecho de saber que nos une Lobato, me intriga, ilusiona y de veras, deseo conocerte. Sin duda nos unen muchas cosas. A ver si podemos cotactar

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