CANDAS en América del Sur (Teodoro Rubio, Presidente de CANDAS)

En el año 1994 viajamos cuatro personas como cooperantes a Perú (Ica y Puno) con el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) con el propósito de conocer la realidad de Hispanoamérica, en una zona pobre. Esta experiencia sirvió para comenzar, con la ayuda del Ayuntamiento de Carreño, nuestra aventura solidaria como grupo CANDAS (Comunidad de Ayuda a Niños de América del Sur): dos veranos en Venezuela (Selva del Río Orinoco) y once en Ecuador (Santa Isabel, Sigsig, Güel, Cutchil, Pirunkay y Gutún).

CANDAS en la selva

El obispo de Tucupita (Venezuela), el español Felipe González, nos recibió con los brazos abiertos. En la Selva rehabilitamos una “Misión” que había desaparecido hacía treinta años. Nos acostumbramos a vivir sin luz y sin agua corriente, acompañados por mosquitos, tarántulas, escorpiones y serpientes. El agua de lluvia y el agua cocida del contaminado Río Orinoco era nuestra bebida.

Atendíamos a los enfermos que venían a nuestra “medicatura”. En la escuela enseñábamos a los niños a hablar el castellano y a aprender las cuatro reglas matemáticas para que pudieran defenderse entre criollos y occidentales, que solían engañarles con facilidad. Todos los días, al atardecer, los indígenas bajaban en sus canoas a la misión; era un momento idóneo para reflexionar, conversar, cantar y danzar.

Descubrimos la gran diferencia que tenemos con los indios guaraos en cuanto a la concepción de vida y muerte. Al llegar a la Comunidad de Ajotejana, en 1996, preguntamos al jefe de la tribu: “¿cuántos enfermos hay en la ranchería?” Y su respuesta fue sencilla: “Ninguno. Todos se mueren”. Pronto pudimos comprobarlo. Una tarde acudió a nuestra “medicatura” un niño de cuatro años con síntomas de deshidratación, acompañado de sus padres. Les dimos suero oral y les recomendamos que cocieran agua y se la dieran a beber a su hijo. A los dos días volvieron a la “Misión” a pedirnos madera para construir un ataúd para el niño, que había muerto. Les preguntamos si habían dado a beber agua y suero a su hijo, y nos contestaron que “el brujo de la tribu nos anima a no beber líquido cuando padecemos esta enfermedad”. Al poco tiempo, otro matrimonio trajo a su hija de seis años con los mismos síntomas: vómitos y diarrea. Nos ofrecimos a llevarles al hospital de Curiapo, pueblo que estaba a una hora y media de Ajotejana, en la “Tivitivi”, nuestra barca de motor. A la niña la abrieron una vía en vena y la colocaron suero. Cuando dijimos a los padres que tenían que ¡quedarse en el hospital, por la salud de su hija, y nosotros regresar a la “Misión”, no lo aceptaron. Les aseguramos que todos los gastos los asumíamos nosotros e incluso que les llevarían todos los días el desayuno, la comida y la cena. También les prometimos volver al día siguiente y llevarles a Ajotejana si la niña estaba mejor. Ante nuestra insistencia asintieron, pero por la noche quitaron el suero a la niña y se la llevaron en una canoa a su casa. Suponemos que la niña moriría.

En otra ocasión, llevamos a un joven, que padecía tuberculosis, al hospital de Tucupita –a siete horas de nuestra “Misión”- para que iniciara un tratamiento de seis meses. Nosotros pagábamos todos los gastos sanitarios. A los cuatro días se escapó del hospital.

Nuestra experiencia en la selva fue enriquecedora, pero nos dimos cuenta de que los indios guaraos son recolectores, no sembradores, acostumbrados a un paternalismo excesivo y arraigados a sus costumbres y tradiciones hata el punto de preferir beber agua del contaminado Río Orinoco, en vez de beber agua potabilizada que nosotros les dejamos. Esto nos desanimó a seguir nuestros proyectos allí. Temíamos que al marcharnos las infraestructuras creadas desaparecieran.

Eso sí, de los indios guaraos aprendimos a vivir intensamente el presente sin preocuparnos de la incertidumbre del mañana. Recuerdo a Florentino, un joven indígena con dos hijos, que a diario se sentaba pacientemente junto a nosotros a enseñarnos su idioma (el “guarao”) y a escuchar nuestras historias. Un día le pregunté: “¿no vas a trabajar hoy?”. Y me respondió: “Por la tarde, si tiene hambre aguno de mi familia, entraré en la selva a buscar alguna fruta”.

CANDAS en los Andes

Al año siguiente, 1997, nos pusimos en contacto con el arzobispo de Cuenca (Ecuador), Luis Alberto Luna Tobar. Nos animó a iniciar nuestros proyectos en la zona del Azuay, en el Sigsig.

Sigsig es un Cantón con un índice de mortalidad infantil y de desnutrición crónica del 37´8%. Las principales causas que inciden en el indicador de desarrollo en salud son las siguientes: viviendas con insuficiente dotación de redes de infraestructura y servicios básicos, poca o ninguna educación de la población para la salud que se evidencia en inadecuados hábitos higiénicos y alimenticios, bajo nivel de capacitación e insuficiente dedicación del personal que trabaja prestando servicios en la zona, y difícil acceso físico de la población a puestos de salud por la distancia. El índice de desarrollo educativo es de 41’8%. La trasa de analfabetismo de las mujeres (24%) es superior al de los hombres (12%). Las principales causas de una mala educación son: incumplimiento y falta de vocación de profesores, insuficiente capacitación pedagógica y curricular del profesorado, poca valoración en la educación por parte de los jóvenes y padres de familia, carencia de material didáctico y difícil acceso físico y económico al sistema educativo.

Descubrimos, pues, que la sanidad y la educación eran piezas claves para la mejora del Cantón y comenzamos a crear botiquines y dotarlos de medicamentos en las comunidades más pobres (Güel, Cutchil, Pirunkay y Gutún), a formar promotores de salud que pudieran atender después atender los botiquines y practicar los primeros auxilios, en caso de necesidad, a cualquier persona de su comunidad. Además, atendíamos y visitábamos a enfermos. También comenzamos a ofrecer ayuda educativa a los niños del Cantón Sigsig, con atención prioritaria a la lectura, a la escritura y a las matemáticas. En todas las comunidades hemos desarrollado campañas de salud buco-dental.

En julio de 1998 colaboramos con la Asociación “Mensajeros de la Paz” como educadores en las casa de acogida para niños abandonados que tienen en Santa Isabel y en Cuenca (Ecuador), donde detectamos la necesidad de comprar algunas sillas de ruedas para niños discapacitados. Decía el sabio Confucio: “No les des un pez. Enséñales a pescar”. Siguiendo su consejo, en agosto de 1998, compramos un horno de pan y lo instalamos para que un grupo de mujeres se constituyeran en “Asociación de panaderas”. Pienso que para erradicar la pobreza habría que cambiar las estructuras, pero como eso es difícil seguimos tratando de enseñarnos mutuamente a pescar. No obstante, también también procuramos darles peces, porque hay familias que sin el pez diario se morirían. Recuerdo sobremanera a un matrimonio de ancianitos, en Cutchil, a los que ayudamos varios años con comida y medicinas. Vivían en una casa de 8 metros cuadrados, sin levantarse de la cama. Él era ciego y ella sorda. Como decían sus vecinos, él era los oídos de su mujer y ella los ojos de su marido. Coincidió que estando en Pirunmkay murió su mujer. Cuando nos enteramos acudimos a acompañar al esposo. Le pregunté: “¿Cómo está Don Moisés?” Y su respuesta, con una serenidad extraordinaria, fue: “Aquí estoy, esperando la sentencia de nuestro Diosito”.

Cuesta entender que personas enfermas y con escasos recursos económicos tengan tanta conformidad, sonrían con frecuencia y sean tan agradecidos. En Güel, una mujer se había roto el brazo y, como la consulta médica y la operación eran caras, acudió a un curandero que solamente le pedía tres dólares. La puso un vendaje, no sé de qué forma, pero la produjo en el brazo un síndrome compartimental que dificultaba el riuego sanguíneo, aumentando el riesgo de amputación del brazo.. La llevamos a Cuenca (Ecuador) y pagamos su operación. Al año siguiente, al volver a su Comunidad la mujer vino a buscarnos para invitarnos a comer en su casa y, mientras caminábamos, iba echando pétalos de rosas al suelo hasta que entramos en su hogar, y pronunciaba estas palabras: “Ustedes son mis salvadores. Diosito les ha enviado para salvarme”.

Antes estas manifestaciones, a veces, no podemos contener las lágrimas, porque ellos nos dan mucho más. Esta alegría que contagian, esa confianza y esa familiaridad que tienen con Dios, a pesar de su pobreza y su enfermendad, siempre ha sido y sigue siendo para mí un gran estímulo.

La ONG CANDAS en Gutún

Hace cinco años nos legalizamos en España como ONG CANDAS (Comunidad de Ayuda a Niños de América del Sur) y hace dos años firmamos un convenio de cooperación internacional con el Ministerio de Interior Ecuatoriano. Creemos que el espíritu de nuestra Asociación es el mismo que el del pueblo que apostó por nosotros, a través de su Ayuntamiento. La ONG CANDAS es valorada en esta región del Azuay por su constancia, su dedicación altruista a los niños más desfavorecidos y por su labor educativa y sanitaria en pro de las comunidades en las que ha trabajado.

Desde el año 2005 nos hemos centrado en una comunidad alejada del Sigsig, a treinta minutos por camino de difícil acceso, Gutún, donde estamos desarrollando un trabajo sanitario, educativo y asistencial importante: formación de boticarias, cursos de primeros auxilios, clases a niños en la escuela, campañas de vacunación y salud buco-dental, compra de material escolar y de medicamentos, compra de alimentos para familias necesitadas…

Hace tres años compramos un terreno y empezamos la construcción de la primera Casa de Acogida para niños abandonados en Ecuador. Este verano hemos acabado de construir la primera fase: el Consultorio Sanitario “Candas”. Nada más inauguralo, el 1 de julio, lo hemos puesto en funcionamiento. Nuestros enfermeros y algunos médicos del Sigsig han pasado consulta y han visitado el domicilio de los enfermos que no podían desplazarse al Consultorio. Uno de los enfermos al que hemos visitado en varias ocasiones ha sido Ángel, un joven paraplégico, que con sus manos atrofiadas esculpe caballos de madera. CANDAS le ha regalado una máquina taladradora para que pueda trabajar con menos esfuerzo.

En Agosto hemos puesto la primera piedra de la construcción de la segunda fase de la Casa de Acogida: un comedor para cincuenta niños con problemas de desnutrición o con escasos recursos económicos.

Como CANDAS es una ONG pequeña, contamos con poco presupuesto y no podemos avanzar todo lo que quisiéramos. ¡Ojalá! pronto se haga realidad nuestro sueño: el funcionamiento del comedor y la construcción definitiva del hogar para dieciséis niños abandonados. Porque no existe mayor felicidad en esta vida que gastarse a favor de los demás y, sobre todo, cuando éstos te necesitan.

Teodoro Rubio

Presidente de la ONG CANDAS

2 comments on “CANDAS en América del Sur (Teodoro Rubio, Presidente de CANDAS)

  1. Laura Olalla dice:

    Es, francamente, emotivo leer la generosidad de esta página que personas comprometidas como D. Teodoro Rubio hacen posible. La humanidad sufre tanta desigualdad que sería inviable cualquier atisbo de pronunciado ejercicio entre culturas tan diferentes y empobrecidas si no fuera por la buena voluntad de personas con conciencia que dejan su buen hacer con perseverancia renovada, atendiendo tanta necesidad material, física y psicológica, especialmente dirigida a los más pequeños. Se me abre el alma solamente al pensar en lo injusto que es el reparto de la riqueza en esta tierra donde unos viven en la abundancia exacerbada y otros no tienen qué llevarse a la boca. Afortunados los que poseen lo necesario para caminar. Las gracias de esa madre que les invita a comer por ayudar a su hija, es un revulsivo, una instancia para los corazones dormidos que no hacemos a veces otra cosa que quejarnos de una vida vacía aunque acomodada. No hay mayor alegría que ver una sonrisa en los rostros infantiles. Esta noche el recuerdo de todos los niños del mundo, en precario, me exige obligarme a mí misma a la adhesión con ellos de mi niño interior, y a dedicarles mis versos como si fueran mis propios hijos y mis hermanos. Gracias, Teo, por hacerme partícipe de esta prometedora obra social. Mi abrazo para todos ellos y para quienes lo estáis haciendo posible con vuestras economías y el trabajo de tantos…

    (El pijama)

    Planchando tu pijama –siempre niño-
    me saluda el abrazo.
    Un rostro se perfila
    en el umbral del sueño
    proyectando futuros.
    Me siembra su alegría
    cuando en las calles otros
    niños me dicen ¡hola!
    con festivo ademán.
    Se enternecen los labios
    al contacto elevado del espíritu,
    y la mano, envolvente,
    no renuncia a alcanzar
    su vellocino de oro.

    El vapor de la plancha va trazando tus rasgos.
    (Laura Olalla)

  2. JORGE RAMOS dice:

    Estimado y siempre recordado padre teo, nos entusiasma que los petalos de las flores de las gatitas de guel, siempre acompañen su camino y tambien a su boluntariosa su persona, y a todo el equipo que siempre lo acompaña, recordarle al mundo que espiritus altuistas que no se inmutaron al crusar los grandes lagos han hecho reaidad los sueños de las comunidades mas pobres de nuestro cantòn

    con estima y agradecimiento
    jorge ramos
    concejal del canton sigsig

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